Elisabeth Hart, corredora de Toronto, sorprendió a la ciudad al convertir una simple promesa de recaudación en una odisea de casi 100 kilómetros en tan solo un fin de semana. Su meta final: participar en la Great World Race, un desafío extremo que exige siete maratones en siete días y en siete continentes.
Una promesa que se salió de control (para bien)
La idea era sencilla: Hart correría un kilómetro por cada 10 dólares donados a su campaña. Esperaba reunir una cantidad modesta, pero la comunidad respondió con casi 1.000 dólares en menos de 24 horas. Con 980 dólares recaudados antes de las 5 p.m. del viernes, la atleta selló su destino: 98 kilómetros debían ser recorridos ese mismo fin de semana.
El plan de ataque
Viernes – 32 km bajo frío y lluvia
Sin dar espacio a excusas, Hart salió esa misma tarde. El frío y la llovizna no le impidieron completar poco más de 32 km, descubriendo de paso lo ondulado que puede ser Eglinton de punta a punta.
Sábado – 35 km con vistas al lago
Para evitar el agotamiento mental, cambió de escenario y se dirigió al waterfront. Allí sumó otros 35 km acompañada de una amiga corredora, lo que le permitió “desconectar” y mantener el ritmo.
Domingo – 29,55 km y mucha fuerza de voluntad
“Ese día odiaba la mera idea de correr”, admite entre risas. Sin embargo, el sol apareció, se puso la ropa deportiva y salió. Con 29,55 km completó la hazaña de 98 km en tres sesiones.
Entrenando para lo imposible: la Great World Race
Tras correr el Maratón de Toronto 2024 y, más tarde, el de Honolulú, Hart sintió la necesidad de hacer algo «verdaderamente épico». Así descubrió la Great World Race, una prueba de resistencia que exige 42,2 km diarios en países de los siete continentes. Su edición está programada para noviembre de 2027, tiempo que la atleta aprovechará para entrenar y financiar la aventura.
Próximos pasos
Hart busca reunir 10.000 dólares en total y está abierta a patrocinios. Más allá del dinero, su motivación es dejar una pequeña huella en el mundo y demostrar que lo que parece imposible se puede lograr con disciplina, comunidad y un buen par de zapatillas.
Si algo dejó claro este fin de semana es que, cuando una promesa se combina con la solidaridad de Toronto, los kilómetros se multiplican y los límites se difuminan.