Si vives en Toronto, es probable que hayas visto a diario los jets comerciales que llegan a Pearson, pero pocos notan el tránsito de los aviones militares que patrullan el inmenso espacio aéreo canadiense. Hoy, el gobierno federal se prepara para invertir más de 5 000 millones de dólares en nuevos “radares voladores” y la decisión final—elegir entre un modelo sueco y uno estadounidense—podría influir no solo en la defensa del país, sino también en su industria aeronáutica, su relación con la OTAN y el bolsillo del contribuyente. Aquí te explicamos a fondo por qué este debate es importante.
¿Qué son los aviones AEW&C y por qué importan?
Los Airborne Early Warning and Control (AEW&C) son plataformas aéreas equipadas con potentes radares que ofrecen vigilancia de 360 °. Actúan como “torres de control en el cielo”: detectan misiles, drones y aviones enemigos a cientos de kilómetros, coordinan la respuesta de cazas y permiten tomar decisiones en tiempo real. En un mundo donde los misiles hipersónicos y los drones kamikaze ganan protagonismo, contar con esta capacidad es esencial para cualquier Estado que quiera proteger su soberanía y cumplir con los compromisos de la OTAN.
Las dos opciones sobre la mesa
1. Saab GlobalEye (Suecia)
Basado en el jet regional Bombardier Global 6000 (fabricado originalmente en Canadá), el GlobalEye combina el radar Erieye ER de banda S con sensores de búsqueda marítima y vigilancia electrónica. Entre sus ventajas:
- Alcance de detección superior a 550 km para objetivos aéreos.
- Autonomía de hasta 11 horas sin reabastecimiento.
- Cabina presurizada de negocio, menor consumo de combustible y costes operativos reducidos.
- Uso dual: vigilancia terrestre y marítima, algo valioso para el Ártico y la costa atlántica.
2. Boeing E-7 Wedgetail (Estados Unidos)
El E-7 se basa en el Boeing 737-700 y utiliza el radar Northrop Grumman MESA. Ya opera en Australia, Corea del Sur y el Reino Unido. Sus puntos fuertes incluyen:
- Madurez del programa: casi 15 años en servicio, con doctrina y logística OTAN ya establecidas.
- Gran volumen interno para consolas de mando y control; puede coordinar más interceptores simultáneamente.
- Cadena de suministro norteamericana, facilitando interoperabilidad con la Fuerza Aérea de EE. UU.
- Integración prevista con la futura flota de cazas F-35 canadienses.
¿Por qué la prisa?
Canadá opera actualmente viejos CP-140 Aurora modificados para patrulla marítima, pero carece de una flota dedicada de AEW&C. Las tensiones en el Ártico, la expansión de las capacidades rusas y la renovación de NORAD exigen una cobertura de radar más allá de la línea del horizonte terrestre. Ottawa quiere seis aeronaves listas antes de 2030, fecha en la que varias naciones aliadas planean modernizar su propio inventario.
Implicaciones económicas y tecnológicas
El contrato de 5 000 millones incluye:
- Adquisición de las aeronaves y el radar.
- Infraestructura de apoyo técnico en bases como Trenton (Ontario) o Bagotville (Québec).
- Entrenamiento de tripulaciones y creación de empleo en mantenimiento electrónico y de software.
Elegir el GlobalEye permitiría que parte del fuselaje se fabrique otra vez en la planta de Bombardier en Toronto, impulsando empleos locales de alta tecnología. Optar por el E-7 podría integrar mejor a Canadá en la cadena de defensa de EE. UU., garantizando repuestos rápidos y programas de actualización coordinados.
Perspectiva política
El gobierno liberal busca equilibrar gasto social y defensa. Tras la guerra en Ucrania, los socios de la OTAN presionan a Ottawa para que alcance el 2 % del PIB en gasto militar. Estas aeronaves sumarían cerca de 0,1 % del PIB anual en inversión inicial, moviendo la aguja hacia esa meta. También hay cuestionamientos sobre si esta compra desplazará fondos de vivienda asequible—un tema sensible entre la comunidad latina de Toronto.
¿Qué sigue?
Se espera un memorando de decisión antes de fin de año. Una vez firmado, el ganador tardará de 36 a 48 meses en entregar la primera aeronave. Mientras tanto, la Real Fuerza Aérea Canadiense continuaría confiando en satélites aliados y en los aviones AWACS de la OTAN para llenar vacíos temporales.
En resumen, la apuesta por nuevos aviones radar no es solo un tema militar; toca la economía local, la política exterior y hasta el empleo en Toronto. Los latinos que trabajen en aeronáutica, ingeniería o electrónica podrían beneficiarse directamente de la decisión que Ottawa tome pronto.