El tornado que azotó recientemente la región de Oxbow, al sureste de Saskatchewan, ha encendido las alarmas de los meteorólogos. Este fenómeno meteorológico registró una intensidad pocas veces documentada en la historia de la provincia, dejando un rastro de destrucción a lo largo de su camino.
Las autoridades meteorológicas confirmaron una calificación preliminar de EF3, una categoría que clasifica a este tornado dentro de la etiqueta de “fuerte”. Pero, ¿qué significa realmente esta medición y por qué es tan inusual un evento de esta escala en territorio canadiense?
¿Qué es la escala de gravedad de un tornado?
Para entender el impacto de este evento, es necesario conocer la Escala Fujita Mejorada (EF), un sistema adoptado oficialmente en Canadá en 2013. Esta herramienta modifica la escala original para calcular la fuerza y la intensidad de un tornado cruzando dos variables críticas: la velocidad estimada del viento y el nivel de daños estructurales que deja a su paso.
Un tornado de categoría EF3 genera vientos huracanados que oscilan entre los 225 y 265 km/h. Cuando el viento alcanza estas velocidades, las consecuencias dejan de ser simples desprendimientos. No estamos hablando únicamente de voladuras de tejados; un EF3 tiene la fuerza suficiente para derribar muros de viviendas residenciales por completo y arrasar con extensiones masivas de bosques.
El Servicio Meteorológico canadiense señala que el tornado de Oxbow se mantuvo tocando tierra durante un periodo de 20 a 26 minutos, abriendo un corredor de destrucción de al menos 40 kilómetros que, según las investigaciones preliminares, pudo haber cruzado incluso la frontera con Estados Unidos.
Saskatchewan: Un gigante plano donde los daños “no se ven”
Aunque la región de Saskatchewan tiene fama de formar parte del conocido “tornado alley” del norte, la realidad es que los tornados de esta magnitud son sumamente extraños. Desde el año 1980, solo se han registrado cinco tornados de categoría F3 o EF3 en toda la provincia.
El factor geográfico: Saskatchewan es una provincia caracterizada por llanuras inmensas y despobladas. Los expertos de la Universidad de Western señalan que es muy probable que ocurran tornados de gran intensidad en la zona, pero al no impactar contra estructuras humanas, nunca llegan a ser calificados con un rango alto. La escala EF requiere obligatoriamente evaluar los daños materiales para certificar la fuerza real del viento.
El último antecedente similar ocurrió el 2 de julio de 2010 en la Primera Nación Kawacatoose. Aquel tornado causó destrozos valorados en más de 13 millones de dólares, destruyendo por completo cinco viviendas e inutilizando infraestructuras clave como torres de telefonía y plantas de tratamiento de agua.
Afortunadamente, más del 90% de los tornados en Canadá se clasifican como débiles (EF0 o EF1), con vientos que no superan los 175 km/h. Aunque las categorías extremas como EF4 o EF5 son eventos excepcionales, las autoridades recuerdan que en un EF3 la tasa de supervivencia en hogares destruidos es muy alta si las personas se resguardan en sótanos o estancias interiores, lejos de puertas y ventanas.
Los tres ingredientes exactos que desatan un tornado fuerte
El extremo sur de Saskatchewan reúne las condiciones geográficas ideales para sufrir el impacto de tormentas severas, aunque el cambio climático está provocando que estas células organizadas asciendan cada vez más hacia el centro y norte de la región.
Para que un tornado de gran intensidad se forme, la atmósfera necesita combinar tres factores con una precisión milimétrica:
- Calor y humedad extrema: La temporada alta de tornados coincide con el crecimiento de los cultivos (entre mayo y julio). Durante esta época, las plantaciones liberan enormes masas de humedad a la atmósfera mediante un proceso conocido coloquialmente como “sudor de maíz” (en inglés, corn sweat).
- Un detonante dinámico: Es indispensable la entrada de un frente frío, un frente cálido o un sistema de baja presión que empuje el aire húmedo hacia arriba de forma violenta.
- La cizalladura del viento: Los vientos en las capas superiores de la atmósfera deben rotar y cambiar de dirección. Este giro actúa como un motor que permite que la tormenta siga creciendo en vertical en lugar de colapsar sobre sí misma.
Basta con que uno de estos elementos falle o no encaje a la perfección para que la tormenta se disipe, una sutil barrera meteorológica que mantiene a salvo a la región de sufrir desastres mayores de forma continua.