Después de 25 años de idas y venidas, el edificio norte del St. Lawrence Market abrió sus puertas en abril de 2025 con un precio final anunciado de $128 millones. Sin embargo, una batalla legal entre la Ciudad de Toronto y el consorcio constructor amenaza con inflar la factura en decenas de millones adicionales.
Antecedentes del proyecto
El plan para reemplazar el viejo pabellón norte, ubicado en la esquina noroeste de Front y Jarvis, se cocinó durante un cuarto de siglo. Retrasos en los permisos, cambios de diseño y aumentos en el costo de los materiales hicieron que el presupuesto se disparara mucho más allá de las estimaciones iniciales.
La demanda de los contratistas
El proyecto fue ejecutado por un emprendimiento conjunto de constructoras conocido como BAJV. Tras la inauguración, la firma presentó una demanda cercana a $83 millones en concepto de “daños y costos extra” supuestamente originados por las demoras del proyecto. Alegan que la Ciudad cambió requisitos y cronogramas, obligándolos a trabajar más tiempo y con mayores gastos.
La respuesta de la Ciudad
El 6 de noviembre de 2025, Toronto respondió con una Statement of Defence en la que califica las pretensiones de BAJV como “exageradas, excesivas y demasiado remotas”. El municipio asegura que:
- Los constructores no actualizaron ni siguieron adecuadamente los cronogramas.
- No coordinaron de forma correcta a los subcontratistas.
- Incumplieron varias cláusulas del contrato original.
Además, la Ciudad presentó una contrademanda por $8,3 millones + HST, argumentando que, en vez de recibir más dinero, BAJV debería indemnizar por los retrasos que ellos mismos provocaron.
¿Cuánto podría terminar pagando Toronto?
Si el tribunal falla a favor de BAJV y obliga al municipio a cubrir la cifra completa, el costo total del edificio saltaría de $128 millones a aproximadamente $211 millones. Para un proyecto que ya puso a prueba la paciencia del público, esa posibilidad reaviva las críticas sobre cómo se gestionan las grandes obras públicas en la ciudad.
Por qué importa
Más allá del emblemático mercado y su impacto turístico, el caso es un recordatorio de lo costoso que puede resultar un mal manejo contractual. Para la comunidad latina —y para todos los contribuyentes—, el desenlace definirá si se pagará una factura mucho más alta por un espacio que, aunque necesario, tardó décadas en concretarse.