El bacalao atlántico es parte esencial de la gastronomía canadiense —y de muchos platos que los latinos disfrutan en Toronto—, pero los últimos datos científicos confirman que su recuperación sigue sin despegar. A continuación, te explicamos a fondo qué sucede, por qué importa y qué medidas se están tomando.
¿Qué está pasando con el bacalao atlántico?
El Departamento de Pesca y Océanos de Canadá (DFO) acaba de publicar su evaluación más reciente sobre dos de las principales poblaciones de bacalao en el país: la que habita en la bahía de Fundy y la que vive sobre la Plataforma Escocesa (Scotian Shelf). El veredicto es claro: la biomasa sigue cayendo y ambas poblaciones permanecen dentro de la “zona crítica”, el nivel más bajo de su escala de salud.
Una crisis que lleva décadas
La pesca comercial de bacalao fue, durante gran parte del siglo XX, el motor económico de la costa atlántica canadiense. Sin embargo, la sobrepesca masiva de los años setenta y ochenta agotó seriamente las reservas. En 1992, la famosa moratoria del bacalao en Terranova dejó sin trabajo a más de 35 000 personas. Treinta años después, la especie aún no se recupera por completo.
Lo que revela el informe 2024
Para la bahía de Fundy, el DFO calcula que la biomasa desovante (la cantidad de peces maduros capaces de reproducirse) es apenas un 4-6 % de lo que había en la década de 1970. En la Scotian Shelf, el panorama es similar: la biomasa ronda el 6-8 % de los niveles históricos. Con estas cifras, los científicos concluyen que el stock tiene una baja probabilidad de recuperarse en los próximos diez años si no se reducen aún más las presiones externas.
Factores detrás del declive
- Sobrepesca histórica: altas capturas prolongadas agotaron la población reproductora.
- Cambio climático: el aumento de temperatura en el Atlántico altera los ecosistemas y desplaza el alimento principal del bacalao (capelán, arenque).
- Depredación de focas grises: estudios señalan que las focas consumen una cantidad considerable de juveniles de bacalao, limitando la recuperación.
- Pérdida de hábitat y contaminación: alteraciones en los fondos marinos y la descarga de contaminantes afectan la supervivencia de huevos y larvas.
- Competencia con otras especies: cambios en la cadena trófica benefician a peces como el eglefino y el bacaladilla, que compiten por el mismo alimento.
Medidas de manejo actuales
El DFO mantiene cuotas muy limitadas, orientadas principalmente a monitoreo científico y a pequeñas pesquerías costeras controladas. Para 2024:
- En la bahía de Fundy, la cuota comercial se mantuvo en cero; solo se permite captura incidental que debe ser devuelta al mar.
- En la Scotian Shelf, se autorizó una cuota sentinella de 145 t concentrada en proyectos de investigación.
- Se promueven planes de reconstrucción a largo plazo con plazos que van de 10 a 20 años, sujetos a revisiones bianuales.
Impacto económico y social
Las comunidades pesqueras de Nueva Escocia y Nuevo Brunswick dependen ahora más de especies alternativas como el camarón, la vieira y la langosta. Sin embargo, la pérdida cultural y el cierre de plantas procesadoras continúan afectando empleos locales. Programas de readaptación laboral y subsidios han mitigado parte del golpe, pero la economía regional anda con pie de plomo.
¿Por qué debería importarte en Toronto?
La mayoría del bacalao que llega hoy a los supermercados de la GTA proviene de Islandia, Noruega o Rusia. Con Canadá fuera del juego, los precios suben y la huella de carbono aumenta por el transporte. Para los latinos que aman platos como el bacalao a la vizcaína o el serenata caribeño, esto significa:
- Más caro: el precio por kilo puede duplicar el de hace cinco años.
- Disponibilidad irregular: en Semana Santa o Navidades suele haber escasez.
- Oportunidad de apostar por productos locales: pescado blanco de lago (p.ej. pickerel, perca) como sustituto sustentable.
¿Hay luz al final del túnel?
El DFO prueba enfoques ecosistémicos, combinando gestión pesquera con monitoreo climático y control parcial de focas. Investigaciones genéticas muestran que ciertos bolsillos de bacalao poseen mayor resiliencia; protegerlos podría acelerar la recuperación. Además, organizaciones de pescadores y pueblos indígenas colaboran en proyectos de restauración de hábitat y cría de juveniles.
Para los consumidores, la mejor contribución es elegir pescado certificado MSC o proveniente de pesquerías de cuota científica, y diversificar su dieta con especies locales. Así, poco a poco, se abre la posibilidad de que el bacalao regrese a nuestros platos sin poner en riesgo su futuro.