Mientras en Toronto disfrutamos de rollos de langosta y mariscos frescos en nuestros mercados, cientos de kilómetros al este, los pescadores de la emblemática costa de Nueva Escocia se preparan para una temporada que promete ser tan dura como las aguas del Atlántico. El precio del diésel, principal combustible de sus embarcaciones, se ha disparado, poniendo en jaque a toda la cadena que termina en nuestro plato.
Una industria icónica bajo amenaza
La pesca de langosta no solo es un orgullo cultural de las Marítimas; para muchos pueblos costeros representa hasta el 80 % de su actividad económica anual. Antes de que un crustáceo llegue vivo a las mesas de Toronto o Montreal, debe pasar por largas jornadas en alta mar y un complejo sistema de transporte refrigerado. Todo ello consume grandes volúmenes de combustible.
El impacto directo del precio del diésel
En octubre de 2020 un litro de diésel marino costaba en promedio 1,20 CAD. Hoy roza los 2,40 CAD, el doble en apenas tres años. Un barco langostero puede gastar entre 2 000 y 4 000 litros por salida dependiendo de su tamaño y las distancias recorridas. Eso significa entre 2 400 y 4 800 CAD adicionales por viaje solo en combustible, un sobrecosto difícil de absorber cuando los precios de venta de la langosta se han estancado o, en algunos casos, bajado.
“Quemamos dinero antes de tirar las trampas”
Es la frase que se repite entre los capitanes de los 640 barcos que operan en la Zona de Pesca LFA 34, la más productiva del país. Muchos afirman que, si el precio internacional del crustáceo no sube, la ganancia neta de la temporada podría caer hasta un 30 %.
Estrategias de supervivencia en cubierta
Para no hundirse junto con los costos, los pescadores están:
- Reducción de velocidad: Navegar más despacio ahorra diésel, pero alarga los trayectos y reduce el número de trampas revisadas por día.
- Compartir cuotas y equipo: Dos barcos se turnan para usar las mismas trampas, dividiendo gastos, aunque también beneficios.
- Búsqueda de incentivos gubernamentales: Las asociaciones presionan a Ottawa para reactivar programas de devolución de impuestos al combustible.
- Modernización de motores: Quienes pueden, invierten en propulsores más eficientes o híbridos; una apuesta cara a corto plazo pero que puede reducir un 15 % el consumo.
Efecto dominó hasta los restaurantes de Toronto
Si los costos siguen disparados, veremos dos escenarios:
- Menos oferta: Algunos pescadores podrían dejar parte de sus cuotas sin capturar, reduciendo la cantidad de langosta en el mercado.
- Precios al consumidor más altos: Un rollo de langosta que hoy cuesta 25 CAD podría subir a 30 CAD o más entre Navidad y el Día de la Madre, picos tradicionales de demanda.
Lo que viene: ¿ayudas, innovación o recortes?
Representantes de la industria se reunirán este mes con el Ministerio de Pesca y Océanos para solicitar créditos fiscales temporales y financiamiento para combustibles alternativos como el biodiésel. Entretanto, la comunidad científica alerta de otro posible reto: el cambio climático está desplazando las poblaciones de langosta hacia aguas más frías, obligando a los barcos a navegar distancias aún mayores.
La temporada abrirá oficialmente en las próximas semanas. Si no se estabilizan los precios del combustible o no llegan alivios rápidos, los líderes del gremio advierten que podríamos estar ante la primera cosecha en décadas donde la rentabilidad sea tan incierta que muchos capitanes opten por dejar sus barcos amarrados en el muelle.
Para los amantes del marisco en Toronto, la próxima vez que prueben una suculenta cola de langosta, recuerden el esfuerzo —y la factura de diésel— que hay detrás de cada bocado.