Con la llegada del buen tiempo, cientos de jugadores se reúnen en Ashbridges Bay para disfrutar del voleibol de playa. Pero este año, la histórica convivencia de fines de semana se ha visto amenazada por una disputa de permisos que pone en jaque el acceso equitativo a más de 100 canchas públicas.
Una liga con 26 años de historia
Desde 1998, la liga LGBTQ+ Toronto Sandsharks ha convertido la franja de arena de Ashbridges Bay en su hogar veraniego. Cada sábado y domingo reunían a jugadores de todos los niveles y edades, reflejando la diversidad de la ciudad.
El problema: permisos limitados
En los últimos veranos, la liga denuncia que su acceso se ha reducido drásticamente. Grandes torneos organizados por la Ashbridges Bay Beach Volleyball League, manejada por la Asociación de Voleibol de Ontario, reservan casi la totalidad de las canchas durante los fines de semana.
Según los Sandsharks, en 2023 solo consiguieron permisos para ocho fines de semana; para 2024, la ciudad les ofreció apenas cuatro. Personal municipal les informó que la otra organización tiene “prioridad histórica”, categoría que, aseguran, no aparece en la política oficial de asignación de permisos.
La política de asignación bajo la lupa
El documento municipal fue creado para garantizar un reparto justo de espacios, pero los Sandsharks argumentan que se está vulnerando al permitir que un solo grupo monopolice las canchas y atienda principalmente a jugadores que ni siquiera residen en Toronto.
¿Qué exigen los Sandsharks?
1. Que la ciudad aplique su propia normativa y procese todas las solicitudes de acuerdo con los lineamientos vigentes.
2. Implantar un límite: ninguna organización debería acaparar más del 50 % de las canchas. Con esto, afirman, se garantizaría que más ligas comunitarias —incluidas las de residentes latinos— tengan oportunidad de jugar.
La petición electrónica ya superó las 900 firmas y sigue creciendo.
Respuesta de la ciudad
Portavoces municipales explicaron que los fines de semana se clasifican como “eventos especiales”, lo que históricamente favorece a torneos de gran escala. Sin embargo, la comunidad insiste en que la palabra “histórico” no otorga carta blanca para excluir a los demás.
¿Qué viene ahora?
El debate no solo concierne a una liga; abre la conversación sobre quién decide el uso de los espacios públicos en Toronto y cómo se equilibra la demanda entre eventos masivos y actividades recreativas de barrio. Para los Sandsharks —y para muchas otras comunidades— el verano empieza cuando se pisa la arena. Ahora, su reto es asegurarse de que todo el mundo pueda hacerlo.