Si vives en Toronto —o en cualquier otra ciudad de Ontario— seguramente ya tuviste que lavar tu coche, tu balcón o incluso tu ropa después de un “bombardeo” de palomas. A una hora de aquí, en Brantford, el problema escaló tanto que llegó oficialmente a la mesa del concejo municipal.
Las quejas llegan al ayuntamiento
El 10 de marzo, concejales y personal administrativo de Brantford dedicaron una reunión completa a discutir cómo reducir la invasión de excremento de paloma que está arruinando parrilladas familiares y ensuciando patios traseros. El debate dejó claro que los vecinos están hartos… pero las soluciones no son tan simples.
¿Por qué no se pueden prohibir?
Las palomas están protegidas por regulaciones provinciales de fauna silvestre y de agricultura. En otras palabras, el municipio no puede simplemente “vetarlas”. Dave Wiedrick, director de cumplimiento y seguridad, explicó que las aves no suelen defecar en pleno vuelo: “Lo hacen antes de despegar para aligerarse”. Aun así, los residentes insisten en que algo (o alguien) está decorando sus patios con demasiada frecuencia.
Permisos para los criadores
Entre las medidas estudiadas, el personal recomendó implementar un sistema de licencias para quienes crían palomas dentro de la ciudad. Habría un periodo de gracia de seis meses para que los dueños actuales se registren gratis. El concejo aprobó la propuesta por 9 votos contra 1, con la esperanza de que menos aves sueltas signifique menos “regalitos” sobre mesas y juegos infantiles este verano.
¿Y Toronto qué?
En la metrópoli, la población de palomas sigue creciendo y muchos residentes ya comparan sus balcones con auténticas “galerías de arte abstracto” hechas de guano. Mientras Brantford experimenta con licencias, no faltan quienes piden que Toronto adopte estrategias similares —o incluso anticonceptivos para aves— antes de que la situación se vuelva ingobernable.
Por ahora, toca mantener el cubo y la manguera a la mano… y cruzar los dedos para que la próxima nube de plumas y plop pase de largo.