Un acontecimiento histórico sacudió esta semana a la pequeña comunidad de Alert Bay, en la costa noreste de la isla de Vancouver: el tótem más alto del mundo, reconocido por Guinness World Records, fue cuidadosamente desmontado tras más de medio siglo custodiando el territorio de la Nación ’Na̱mǥis. A continuación te contamos por qué este hecho va mucho más allá de la anécdota y qué lecciones deja para quienes apreciamos la riqueza cultural desde Toronto y toda Latinoamérica.
Una proeza artesanal de 52 metros
Erigido en 1973 y tallado a partir de dos cedros gigantes de la selva húmeda costera, el tótem alcanzaba los 173 pies (52,7 metros). Nueve talladores kwakwaka’wakw, encabezados por los maestros Mungo Martin y Henry Hunt, unieron fuerzas para plasmar en la madera la cosmovisión de su pueblo: águilas, osos, orcas y seres míticos que narran la relación entre los humanos y el mundo espiritual.
La hazaña de izar un coloso
Hace cincuenta años, levantar esta columna significó un reto logístico monumental. Se requirieron grúas, balsas y la ayuda de casi toda la isla para colocarla junto al Big House, la gran casa comunal donde la Nación ’Na̱mǥis celebra potlatches, ceremonias de vital importancia cultural y económica.
¿Por qué derribarlo ahora?
Con el paso del tiempo, la lluvia constante y los vientos del Pacífico han erosionado la madera. Ingenieros estructurales advirtieron grietas internas y pudrición que ponían en riesgo a residentes y visitantes. Ante el dilema de conservarlo en pie o evitar una tragedia, los jefes ’Na̱mǥis optaron por bajarlo de manera controlada el 9 de septiembre de 2023.
Un momento cargado de sentimientos
Para los jefes William Wasden y Don Svanvik, ver al tótem recostado sobre la hierba fue “tan doloroso como necesario”. No se trataba solo de mantener un récord mundial, sino de honrar el pasado sin poner en riesgo a la comunidad. Ese día se ofrecieron plegarias y cantos tradicionales antes de que las sierras tocaran la base.
¿Qué pasará con la madera sagrada?
Lejos de terminar en un vertedero, cada fragmento será reutilizado o devuelto a la tierra según los protocolos ceremoniales. Algunas secciones podrían exhibirse bajo techo para contar la historia a las nuevas generaciones. Otros pedazos se quemarán en ceremonias de liberación espiritual, devolviendo la energía al bosque del que provino.
Lecciones para la diáspora latina en Toronto
1. Respeto por la temporalidad de los símbolos: incluso las obras más imponentes son efímeras; su significado trasciende la materia.
2. Comunidades que lideran sus propias narrativas: la decisión la tomó la Nación ’Na̱mǥis, no el gobierno federal ni un museo. Escuchar a los pueblos originarios es clave para la reconciliación.
3. Conexión intercultural: así como el tótem hablaba de la relación con los ancestros, las comunidades latinas también mantienen hilos con sus raíces. Conocer estas historias enriquece nuestra identidad múltiple en Canadá.
Mirando al futuro
La Nación ’Na̱mǥis ya discute erigir un nuevo tótem que refleje desafíos contemporáneos—desde la protección de los salmónidos hasta la soberanía territorial—y que, sobre todo, se construya con técnicas que garanticen mayor durabilidad en el clima costero.
El “gigante” de Alert Bay descansará, pero su espíritu de unidad y resistencia sigue en pie, viajando kilómetros hasta asentarse en la memoria colectiva de todos los que valoramos la cultura viva del noroeste del Pacífico.