La pasión por los libros no entiende de fronteras ni de husos horarios. Este fin de semana, la pequeña localidad de Wolfville, Nueva Escocia, fue testigo de cómo dos lectoras polacas recorrieron más de 5 000 kilómetros para estrechar la mano de la aclamada autora canadiense Rachel Reid y, de paso, apoyar una causa que mantiene vivas a las bibliotecas rurales.
¿Quién es Rachel Reid y por qué causa tanta emoción?
Rachel Reid se ha convertido en un fenómeno dentro de la romántica deportiva LGBTQ+ gracias a su serie Game Changers. Su segunda entrega, Heated Rivalry, explora la tensa—y apasionada—relación entre dos estrellas de la NHL, Ilya Rozanov y Shane Hollander. Con diálogos afilados, química explosiva y un retrato honesto de la masculinidad, el libro ha escalado listas de ventas en EE.UU., Reino Unido y, por supuesto, Canadá.
Éxito global, raíces atlánticas
Reid, nacida en Fredericton (Nuevo Brunswick) y afincada ahora en Halifax, se nutre del espíritu hockeyístico que palpita en la región atlántica. El realismo con que describe la vida en las grandes ligas ha atrapado a lectores de todo el mundo, incluidos los de Europa del Este, donde el hockey es casi religión.
Las fans que cruzaron el Atlántico
Zofia Chrapkiewicz y Zuzana Sokolova, amigas desde la universidad en Varsovia, son parte de ese fervor internacional. Ambas descubrieron Heated Rivalry en foros de lectura online durante la pandemia y formaron un club de fans virtual que hoy cuenta con más de 800 miembros repartidos por Polonia, la República Checa y Eslovaquia.
Cuando oyeron que Reid encabezaría una recaudación de fondos para la red de bibliotecas del Valle de Annapolis, no lo dudaron. Ahorraron durante seis meses, reservaron pasajes con escala en Toronto y aterrizaron en Halifax con la misión de agradecer a la autora en persona por darles “un libro que cambió por completo nuestra visión del deporte y la diversidad”, según contaron entre sonrisas.
Un evento con causa: bibliotecas primero
El encuentro, celebrado en el teatro municipal de Wolfville, recaudó fondos para actualizar colecciones, financiar programas de alfabetización digital y mejorar la accesibilidad en bibliotecas rurales. En tiempos en que los recortes presupuestarios amenazan los espacios públicos de lectura, iniciativas como esta cobran especial relevancia.
Panel, firma y anécdotas
Durante el panel, Reid compartió cómo creció leyendo novelas románticas sacadas de la biblioteca local: “Sin esos estantes, jamás habría soñado con publicar”. Tras la charla, dedicó dos horas a firmar ejemplares—entre ellos, las ediciones en polaco que Zofia y Zuzana trajeron en la maleta.
Lo que podemos aprender desde Toronto
Para la comunidad latina en Toronto, la historia deja un mensaje claro: apoyar a nuestras bibliotecas es invertir en el futuro cultural de nuestros barrios. Ya sea asistiendo a un club de lectura o donando un libro infantil en español, cada gesto cuenta.
Cierra el libro, abre la comunidad
La travesía de estas dos fans polacas nos recuerda que los libros son puentes. En Nueva Escocia unieron continentes; en Toronto pueden unir generaciones, idiomas y sueños. Si te inspira la hazaña, acércate hoy mismo a tu sucursal más cercana de Toronto Public Library: nunca sabes a dónde te llevará la próxima página.