El megaproyecto energético en British Columbia marca un hito económico, pero genera tensiones internas y cuestionamientos ambientales
Un buque cargado de gas natural licuado (GNL) partió esta semana desde Kitimat, Columbia Británica, con destino a Corea del Sur, marcando la primera gran exportación canadiense de gas hacia Asia. El envío, transportado por el Gaslog Glasgow, representa un momento clave en la estrategia de Canadá para diversificar sus mercados energéticos y reducir su tradicional dependencia de Estados Unidos.
El proyecto es fruto de una década de desarrollo tras la aprobación del gasoducto Coastal GasLink, y forma parte del multimillonario plan LNG Canada, valorado en 48 mil millones de dólares canadienses.
“Canadá tiene lo que el mundo necesita”, declaró el primer ministro Mark Carney. “Al pasar de la ambición a la acción, podemos convertirnos en una superpotencia energética global”.
🌍 Contexto global y giro estratégico
El envío ocurre en un escenario marcado por tensiones comerciales y geopolíticas: la invasión rusa a Ucrania, las políticas proteccionistas de Donald Trump y la creciente desconfianza hacia acuerdos a largo plazo con EE.UU. han abierto nuevas oportunidades para países como Canadá.
Actualmente, el 90% del gas natural canadiense se vende a Estados Unidos, por un valor de unos 6 mil millones de dólares anuales, pero la sobreproducción en EE.UU. y los bajos precios han llevado a empresas canadienses a buscar nuevos horizontes en Asia, donde la demanda energética es creciente.
🔥 Controversia nacional: tensiones políticas y reclamos ambientales
El proyecto no ha estado exento de conflictos:
- Alberta, rica en petróleo pero sin salida al mar, exige más puertos y gasoductos hacia la costa oeste para aumentar su presencia global.
- Columbia Británica y comunidades locales se oponen al aumento de tráfico marítimo y las obras sobre terrenos montañosos.
- Grupos ambientalistas denuncian que el GNL, aunque más limpio que el carbón, emite metano, un potente gas de efecto invernadero.
- La Oficina de Evaluación Ambiental de B.C. ha multado a Coastal GasLink por mal manejo ambiental, con sanciones que ascienden a 1.4 millones de dólares canadienses desde 2022.
🧑🦱 Voces indígenas: alianzas, división y resistencia
Algunas comunidades indígenas apoyan el proyecto, participando en asociaciones como el servicio de remolcadores que guían los buques en Kitimat. Sin embargo, en el caso de la Nación Wet’suwet’en, se produjo una profunda división:
- Los líderes electos aceptaron el paso del gasoducto.
- Los líderes hereditarios se opusieron tajantemente.
- En 2021, activistas bloquearon una ruta de construcción. Luego se reveló que la policía hizo comentarios “racistas y deshumanizantes” durante la represión.
- Tres manifestantes fueron condenados por desacato a la corte en enero.
⚙️ ¿Qué sigue?
El gobierno de Carney impulsa una legislación para acelerar aprobaciones federales de infraestructuras estratégicas y ha creado un fondo para apoyar proyectos que reduzcan la dependencia comercial de EE.UU.
El plan es duplicar la capacidad de producción en Kitimat, y ya hay al menos seis plantas adicionales de GNL en desarrollo. Shell, accionista mayoritario del proyecto, afirma que el GNL canadiense permitirá a Asia reemplazar parte de su consumo de carbón, aunque expertos como el economista energético Kent Fellows advierten que es imposible predecir con certeza si realmente se logrará ese reemplazo.
⚖️ Conclusión: ¿Hacia una nueva era energética o una contradicción verde?
El envío de gas natural canadiense a Asia simboliza el inicio de una era de independencia energética… pero también pone sobre la mesa contradicciones entre desarrollo económico, justicia climática e inclusión indígena.
Canadá camina sobre una delgada línea: convertirse en un proveedor global confiable sin traicionar sus compromisos climáticos ni agravar divisiones internas. El éxito —o fracaso— de esta estrategia podría definir el papel del país en el nuevo orden energético global.