Ontario y Alberta comparten bandera y pasaporte, pero no la misma forma de vivir el día a día. Un viajero albertano que recorrió Toronto y Ottawa descubrió varias diferencias inesperadas. Si eres latino y vives en la GTA, estas observaciones te ayudarán a entender mejor por qué tus amigos del Oeste se quedan con la boca abierta cuando pisan Ontario.
Flores plantadas en pleno abril
En Alberta, sembrar antes de mediados de mayo es casi una sentencia de muerte para las plantas: las heladas tardías son cosa seria. En Ontario, sin embargo, los jardineros se ponen manos a la obra a inicios de abril. El clima más templado del Este permite que los bulbos florezcan semanas antes, lo cual llena de color parques y avenidas mucho antes de que los albertanos guarden el abrigo.
¡Agua por todas partes!
Mirar un mapa no basta para imaginar la vastedad de los Grandes Lagos. Ontario está atravesada por corredores de agua dulce de escala continental, algo que impresiona a los visitantes: ríos caudalosos, bahías interminables y el horizonte infinito de Lake Ontario. Esa abundancia hídrica explica la preeminencia de la energía hidroeléctrica y contrasta con los cuerpos de agua más pequeños (y escasos) del territorio albertano.
Sigue habiendo teléfonos públicos
Sí, los payphones todavía existen en Ontario. Para quien viene de Alberta —donde casi han desaparecido— ver una cabina azul y blanca funcionando es un viaje a la nostalgia. Estos teléfonos públicos son un recordatorio tangible de otra era tecnológica que, por alguna razón, el Este del país se resiste a enterrar del todo.
El festival del jaywalking
En las calles de Toronto y Ottawa no importa la edad ni el estilo: si hay un hueco en el tráfico, la gente cruza. El albertano promedio tiende a esperar la luz verde, quizá temiendo el embate de un pickup elevado. Aquí, en cambio, la cultura vial permite (o tolera) cruces improvisados que desconciertan al forastero prudente.
Cerveza en el supermercado
Para un occidental, entrar al supermercado y encontrar un pasillo de cervezas artesanales y lagers al lado del pan es casi un acto de magia. En muchas provincias del Oeste la venta de alcohol está restringida a licorerías especializadas. Ontario rompió el molde y ahora varias cadenas de grocery ofrecen packs fríos listos para llevar junto con la despensa semanal.