Wayne Gretzky, considerado por muchos el mejor jugador de hockey de todos los tiempos, volvió a acaparar titulares tras compartir una ronda de golf con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El encuentro, que tuvo lugar durante el fin de semana de Acción de Gracias en EE. UU., reavivó un viejo debate sobre la lealtad del “Great One” hacia Canadá y, de paso, disparó la conversación entre la comunidad latina que reside en Toronto.
El encuentro en el green
Trump publicó en sus redes sociales fotografías y un video donde se le ve golpeando la bola junto a Gretzky, el golfista profesional Brooks Koepka y el presentador de Fox News, Bret Baier. El mandatario lucía su infaltable gorra roja de “Make America Great Again”, mientras sonreía con el legendario 99 del hockey.
Por qué esto importa para Canadá y su diáspora latina
Gretzky es sinónimo de identidad canadiense. Verlo tan cercano a un presidente que ha llegado a bromear —o amenazar— con convertir a Canadá en el “51.º estado” remueve sentimientos nacionalistas y, para muchos inmigrantes, cuestiona qué significa representar al país que los acogió.
Entre los latinos en Toronto, la noticia toca fibras dobles: primero, porque Gretzky es un símbolo del Canadá que los recibió; segundo, porque Trump continúa siendo una figura polarizante cuyas políticas migratorias afectaron a familiares y amigos al sur de la frontera.
La relación Gretzky–Trump: cronología rápida
- 2021: Gretzky asiste a la fiesta de victoria electoral de Trump.
- 2022: Invitado especial en la toma de posesión de la segunda presidencia de Trump.
- 2023: Trump sugiere públicamente que Gretzky debería ser “el próximo primer ministro canadiense”.
- 2025: El ex hockeyista aparece por la entrada del equipo estadounidense durante la final del campeonato 4 Nations, algo que muchos canadienses interpretaron como un desaire.
- 2025 (noviembre): Ronda de golf conjunta y nuevo revuelo mediático.
Reacciones en redes y medios canadienses
Las críticas no se hicieron esperar. Columnistas le reprochan a Gretzky “olvidar sus raíces”, mientras aficionados piden separar deporte y política. Entre los mensajes de apoyo, algunos recuerdan que la familia Gretzky vive en EE. UU. desde hace años y que sus compromisos comerciales dependen en gran parte del mercado norteamericano.
¿Qué dice el propio Gretzky?
El ex capitán de los Oilers ha insistido en varias entrevistas que “no es político”. Asegura que su amistad con Trump se basa en el deporte y la filantropía, no en ideología. También subraya que sigue “devoto de Canadá” y que nada de esto debería interpretarse como un gesto de injerencia.
El dilema de la identidad deportiva
Para los fans, el hockey es casi un patrimonio cultural. Cuando un ídolo como Gretzky se relaciona con un líder ampliamente cuestionado, emerge la pregunta: ¿hasta dónde debe llegar la neutralidad de los atletas? La comunidad latina, acostumbrada a navegar identidades múltiples, ve en este episodio un espejo de sus propios dilemas de pertenencia.
Mirando hacia adelante
A sus 64 años, Gretzky sigue vinculado al golf —su hija Paulina está casada con el profesional Dustin Johnson—, así que estos encuentros probablemente continúen. Con Trump todavía en la Casa Blanca, cada fotografía compartida será analizada con lupa, sobre todo en Toronto, donde conviven diversas visiones políticas y culturales.
Para seguir de cerca: cualquier aparición pública futura entre ambos no solo alimentará el ciclo mediático, sino que también servirá como termómetro de cómo se reconfigura la relación entre figuras públicas, nacionalismo y deporte en Norteamérica.