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Vetan en EE. UU. obras de Margaret Atwood y Ryan North — ¿amenaza a nuestras bibliotecas?

La más reciente oleada de prohibiciones de libros en Estados Unidos pone en la mira a dos figuras clave de la literatura canadiense: Margaret Atwood y Ryan North. Para la comunidad latina de Toronto —una de las ciudades con mayor diversidad cultural de Norteamérica— esta noticia no es un simple titular extranjero: es un campanazo que nos invita a reflexionar sobre la libertad de leer, la pluralidad de ideas y el impacto que las decisiones al sur de la frontera pueden terminar teniendo en nuestras escuelas y bibliotecas.

Un récord preocupante de censura escolar

De acuerdo con un nuevo informe de PEN America, durante el último año escolar se registraron casi 12 000 prohibiciones en bibliotecas y aulas públicas de EE. UU. Se trata de la cifra más alta desde que la organización comenzó a documentar estos casos hace cinco años, lo que describe una tendencia ascendente en la restricción de contenidos literarios considerados “no apropiados”.

¿Por qué Margaret Atwood y Ryan North?

Entre los títulos retirados se encuentran obras de la renombrada autora de Ontario The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada) y libros del guionista y escritor de cómics Ryan North, conocido por su trabajo en Adventure Time y Marvel. Estos textos suelen abordarse en cursos de literatura por su valor crítico y su capacidad para despertar discusiones sobre política, género y ciencia ficción.

En el caso de Atwood, The Handmaid’s Tale suele señalarse por sus descripciones de violencia y sexualidad, aun cuando la novela es un clásico contemporáneo que alerta sobre los peligros de los regímenes totalitarios. Ryan North, por su parte, ha sido cuestionado por explorar identidades diversas y temas científicos desde un lente humorístico, algo que ciertos grupos conservadores consideran “polémico” para estudiantes.

Las razones detrás de las prohibiciones

Las justificaciones varían desde la protección de menores ante “contenido inapropiado” hasta preocupaciones morales o religiosas. Sin embargo, organizaciones como PEN America advierten que muchas de estas vetas son impulsadas por campañas preorganizadas que politizan la educación y reducen la oferta cultural disponible para jóvenes lectores.

Impacto en Canadá y, en particular, en Toronto

Aunque la mayoría de las prohibiciones ocurren en EE. UU., la influencia cultural y la interconexión editorial norteamericana hacen que las repercusiones puedan sentirse en nuestras estanterías. Algunas juntas escolares en Alberta, por ejemplo, ya han eliminado más de 200 títulos tras nuevas pautas provinciales sobre “adecuación por edad”. Como ciudadanos de Toronto —hogar de múltiples comunidades inmigrantes— resulta crucial vigilar que una ola similar no limite nuestra rica oferta de lecturas en español e inglés.

La respuesta de los autores y defensores de la lectura

Margaret Atwood ha comparado estas prohibiciones con “encender hogueras de libros en cámara lenta”, mientras que Ryan North señala que “privar a la juventud de diferentes perspectivas es la forma más sencilla de estancarnos como sociedad”. Editoras, bibliotecarios y docentes coinciden en que la diversidad temática fomenta el pensamiento crítico, indispensable para un alumnado preparado para los retos globales.

¿Cómo podemos actuar desde la comunidad latina de Toronto?

• Informarnos: consultar reportes de PEN America y organismos locales sobre tendencias de censura.
• Apoyar a las bibliotecas públicas: asistir a clubes de lectura y préstamos de títulos cuestionados.
• Dialogar con las escuelas: preguntar por las políticas de adquisición y defensa de libros.
• Organizar eventos culturales: charlas, tertulias y círculos literarios bilingües que celebren la pluralidad de voces.

Reflexión final

Las vetas contra obras de Atwood y North no solo restringen historias; amenazan el derecho fundamental de explorar ideas que incomodan, inspiran o invitan a la crítica. Desde Toronto, ciudad que se enorgullece de su mosaico multicultural, la mejor respuesta es leer más, preguntar más y defender la palabra escrita para que ninguna generación quede privada de imaginar futuros distintos.