La apertura del Rogers Stadium —el nuevo recinto temporal en los antiguos terrenos del aeropuerto de Downsview (hoy YZD Lands)— prometía darle a Toronto un gigante para megaconciertos al aire libre. Dos meses y más de 100 000 asistentes después, la realidad es un mosaico de shows inolvidables y quejas constantes. El doblete de Oasis del 24 y 25 de agosto lo dejó claro: el espectáculo fue épico, pero la experiencia alrededor del estadio no tanto.
Quejas recurrentes que no ceden
Desde su inauguración en junio, el estadio ha sido criticado por su construcción apresurada, la falta de amenidades y los problemas de ruido que afectan a los vecindarios colindantes. Aunque los organizadores prometieron mejoras rápidas, las fallas aún se sienten en cada evento multitudinario.
Acceso y transporte: un dolor de cabeza
El recinto está lejos del centro y de cualquier parada de transporte masivo con techo. Existen viajes gratuitos en TTC para los asistentes, pero el camino implica pisar terreno irregular y quedar a merced de la lluvia o el sol. Quienes llegan en auto o servicio de viaje compartido han reportado esperas de hasta dos horas para conseguir un Uber y la casi inexistencia de estacionamiento cercano.
Liam Gallagher no se guardó nada
En pleno concierto, el vocalista de Oasis soltó su clásico sarcasmo apuntando a “esas gradas estúpidas que levantaron hace 30 minutos”. Sus palabras avivaron un debate que ya ardía en redes sociales.
Ruido y presiones políticas
El concejal local James Pasternak ha liderado la ofensiva contra el estadio por el exceso de decibeles que invade su distrito cada noche de show. Tras el primer concierto de Oasis volvió a exigir soluciones concretas.
Fans divididos
Si bien muchos describen la experiencia como “el mejor concierto en el peor estadio”, otros defienden la atmósfera tipo festival y las vistas de la ciudad desde las gradas. Para ellos, Toronto debería alegrarse de tener un foro masivo al aire libre y aceptar las incomodidades como parte del paquete.
Servicios básicos que fallan
Las largas filas en seguridad —agravadas por políticas confusas sobre botellas de agua— provocaron más de un grito en redes. Para colmo, varios puestos de comida se quedaron sin artículos básicos como palomitas antes de que Oasis saliera al escenario.
Lo que viene
Live Nation, operadora del estadio, aún no ha emitido un plan concreto para resolver los puntos débiles. Con más conciertos agendados para el otoño, la pregunta no es si habrá ruido, tráfico o filas interminables, sino cómo —y cuándo— se implementarán mejoras reales.
Conclusión
El Rogers Stadium ha demostrado que Toronto tiene público para eventos gigantescos, pero también evidencia que la logística y la experiencia del fan importan tanto como el artista sobre el escenario. Por ahora, los shows brillan; el recinto, no tanto.