En medio de la urgente transición energética que vive Canadá, dos comunidades de las Primeras Naciones de Nuevo Brunswick —Eel River Bar y Pabineau— han dado un paso histórico: proponen construir y operar el primer reactor nuclear indígena y transportable del país. A continuación desglosamos lo que significaría este proyecto, por qué es relevante para todo Canadá y qué desafíos tiene por delante.
¿Qué sucede exactamente en Nuevo Brunswick?
El planteamiento es ubicar un reactor modular pequeño (SMR, por sus siglas en inglés) en tierras tradicionales donde actualmente opera la central termoeléctrica de Belledune, propiedad de NB Power. Ottawa ha ordenado que dicha planta deje de quemar carbón antes de 2030, y las comunidades ven una oportunidad para sustituir ese hueco energético con una fuente limpia y controlada por ellos mismos.
¿Qué es un reactor modular pequeño (SMR)?
Los SMR son reactores nucleares de menor escala —entre 5 MW y 300 MW— diseñados para construirse en fábrica y transportarse casi listos para su instalación. Entre sus ventajas destacan:
- Menor inversión inicial comparada con plantas nucleares convencionales.
- Montaje por módulos, lo que reduce tiempos y costos de construcción.
- Sistemas de seguridad pasivos que limitan riesgos en caso de fallos.
- Capacidad de dar electricidad a redes aisladas o industrias específicas.
Participación indígena: más que simbolismo
Para Eel River Bar y Pabineau, convertirse en los propietarios mayoritarios de la instalación no solo implica ingresos y empleo. Supone:
- Soberanía energética: control directo sobre cómo se genera y distribuye la electricidad en sus territorios.
- Respeto a los derechos de la Tierra: al liderar el proyecto, pueden aplicar sus propias evaluaciones ambientales y valores culturales en cada etapa.
- Modelo de referencia: abrir camino para que otras comunidades indígenas participen en proyectos de alto valor tecnológico.
La presión de abandonar el carbón
Canadá se ha comprometido a reducir significativamente sus emisiones de gases de efecto invernadero. El cierre de la estación de Belledune para 2030 forma parte de este plan. Sustituir el carbón por un SMR permitiría:
- Eliminar miles de toneladas de dióxido de carbono que hoy genera la central.
- Asegurar puestos de trabajo locales reconvirtiendo operarios de la vieja planta.
- Aprovechar la infraestructura eléctrica existente, reduciendo costes.
Retos y próximos pasos
El camino, sin embargo, no está libre de obstáculos:
- Regulación nuclear: la Comisión Canadiense de Seguridad Nuclear (CNSC) exige licencias estrictas; el proceso puede tardar varios años.
- Financiamiento: aunque los SMR cuestan menos que un reactor convencional, hablamos de cientos de millones de dólares que requieren socios industriales y apoyo gubernamental.
- Gestión de residuos: garantizar un plan a largo plazo para el combustible gastado es vital para obtener la aceptación pública.
- Consulta comunitaria ampliada: además de las dos Primeras Naciones, deberán participar municipios vecinos, pescadores, ambientalistas y otros grupos.
Si el proyecto prospera, Canadá no solo estrenaría su primer SMR, sino que lo haría bajo liderazgo indígena, marcando un hito en soberanía energética y reconciliación económica. La propuesta ilustra cómo innovación tecnológica y derechos ancestrales pueden converger para acelerar la descarbonización. Seguiremos atentos a las evaluaciones técnicas, ambientales y financieras que definirán si este sueño se materializa antes de la próxima década.