El acelerado crecimiento inmobiliario de Toronto sigue transformando las esquinas más icónicas de la ciudad. Ahora, un terreno que durante más de medio siglo ha abastecido a conductores latinos y de todas las comunidades podría convertirse en un imponente rascacielos residencial. A continuación, todo lo que debes saber.
Un ícono de los años 60 en la cuerda floja
En la intersección noreste de Richmond y Jarvis opera desde los años sesenta una estación Petro-Canada. Con el nuevo proyecto presentado por Suncor Energy, la compañía matriz de la marca, esta sería demolida para siempre.
El plan: un rascacielos de 50 pisos
La propuesta contempla una torre de 50 niveles y casi 165 m de altura, diseñada por el despacho de arquitectura Arcadis. El volumen se divide en dos cuerpos unidos, diferenciados por acabados que contrastan entre sí, lo que le daría un perfil llamativo al skyline.
Vivienda en plena era de incertidumbre inmobiliaria
Aunque muchos desarrolladores han congelado proyectos ante la caída del mercado de condominios, Suncor apuesta por 596 unidades residenciales. El objetivo es capitalizar políticas urbanísticas que fomentan la densificación cerca del transporte público.
Más densidad, menos gasolina
El terreno se ubica a pasos de la futura estación Moss Park de la Ontario Line y a corta distancia de la estación Queen de la línea 1, además de la ruta del tranvía 501. El argumento oficial es claro: donde antes se surtían autos, ahora vivirán cientos de personas con acceso directo al metro y al tranvía.
Estacionamientos: autos vs. bicicletas
Pese al enfoque “transit-friendly”, el proyecto incluye cuatro niveles subterráneos con 142 cajones para automóviles, lo que generó críticas por añadir tráfico en el centro. Como contrapeso, se planean casi 600 espacios para bicicletas, apostando a que la mayoría de los residentes se movilicen sobre dos ruedas o transporte público.
Parte de una tendencia mayor
El cierre de esta gasolinera se suma a una lista cada vez más larga: establecimientos en Front St. E., Church St. y King St. W. ya desaparecieron en los últimos años. Cada clausura subraya el adiós gradual a las bombas de gasolina dentro del core financiero y cultural de Toronto, mientras la ciudad gira hacia un futuro de alta densidad y menor dependencia del automóvil.
Para la comunidad latina —conductores, ciclistas o futuros compradores—, este cambio significa nuevas oportunidades habitacionales, pero también la pérdida de un servicio histórico en la zona. El debate sobre qué ciudad queremos sigue abierto.