Quienes vivimos en Toronto y ansiamos un transporte público rápido y confiable volvemos a tropezar con la misma piedra: la apertura del Eglinton Crosstown LRT, prometida desde hace más de una década, vuelve a ponerse en duda tras un nuevo contratiempo. A continuación te contamos qué ocurrió, por qué importa y qué exigen ahora activistas y vecinos.
Un accidente que aviva las dudas
El jueves pasado, dos trenes ligeros chocaron dentro del patio de maniobras Mount Dennis. Aunque no hubo heridos graves, el percance obligó a suspender las pruebas de “demostración de ingresos” —la última fase antes de abrir al público— y encendió todas las alarmas sobre la viabilidad del calendario oficial.
Más de diez años de tropiezos
El Crosstown empezó a construirse en 2011 con la promesa de conectar el este y el oeste de Eglinton Avenue a lo largo de 19 km y 25 estaciones. Desde entonces ha sufrido:
- Retrasos técnicos: filtraciones de agua en túneles, señalización que no cumplía normas y trenes incompatibles con ciertos radios de giro.
- Litigios contractuales: disputas entre el consorcio constructor y Metrolinx que han terminado en tribunales y acuerdos confidenciales.
- Costos inflados: el presupuesto inicial de 5 000 millones de dólares se ha disparado muy por encima de los 13 000 millones, según estimaciones extraoficiales.
Indignación ciudadana y pedidos de transparencia
El grupo defensor de usuarios TTCriders calificó la situación de “traición a la confianza pública”. Su responsable de campañas, August Puranauth, exigió:
- Una investigación pública completa que detalle qué salió mal y quién es responsable.
- Acabar con la privatización de proyectos de transporte mediante esquemas público-privados (P3).
- Transparencia total de Metrolinx y la TTC sobre plazos, costos y fallas técnicas.
La voz del vecindario
Vecinos como Andrew Ilersich, que vive cerca del corredor de obras, expresan frustración: “Llevamos años aguantando ruido, desvíos y congestión. Ahora nos dicen otra vez que esperemos”.
¿Qué sigue para el Crosstown?
Metrolinx deberá investigar la colisión, reparar los vehículos y volver a certificar los sistemas de señalización y seguridad. Cada día de suspensión incrementa costos operativos y las multas contractuales.
Si todo sale bien —y es un “si” cada vez más grande— la línea podría abrirse en algún momento de 2026. Pero analistas advierten que, sin cambios profundos en la gestión y sin hacer públicas las auditorías internas, el proyecto podría arrastrar nuevos retrasos.
Por qué nos debería importar
Cuando finalmente funcione, el Crosstown recortará los tiempos de viaje en Eglinton hasta un 60 %, reducirá emisiones y dará un respiro a las líneas de autobús más saturadas de la ciudad. Cada mes perdido es un mes más de tráfico, contaminación y oportunidades económicas desaprovechadas para la comunidad latina y el resto de la población.
Conclusión: el accidente es solo el último capítulo de una historia que ya sobrepasó la paciencia de la ciudad. Más que un simple retraso, se ha convertido en un caso de estudio sobre cómo no gestionar una infraestructura pública esencial. La presión ciudadana será clave para que, esta vez sí, la próxima fecha de inauguración sea la definitiva.