Ontario Power Generation (OPG) acaba de poner sobre la mesa un proyecto gigantesco: construir, a orillas del lago Ontario y a poco más de una hora de Toronto, la que sería la central nuclear más grande del planeta. A pesar de la larga trayectoria de la provincia con la energía atómica, esta propuesta ha encendido alarmas, no tanto por el riesgo de un accidente nuclear, sino por su colosal costo financiero y las dudas sobre si realmente conviene frente a otras fuentes renovables.
El proyecto «New Nuclear at Wesleyville»
• Ubicación: oeste de Port Hope, Ontario.
• Inicio de obras: probablemente en la década de 2030.
• Puesta en marcha: entre 2040 y 2048.
• Capacidad prevista: hasta 10 000 MW, superando a la planta japonesa Kashiwazaki-Kariwa y convirtiéndose en la mayor del mundo.
¿Cuál es la preocupación principal?
La energía nuclear en Canadá tiene un historial de seguridad aceptable —aunque Ontario fue escenario del primer “meltdown” del mundo en Chalk River (1952)—. Sin embargo, el debate actual gira en torno a los sobrecostos crónicos de la industria. OPG y el Gobierno provincial hablan de un presupuesto multimillonario, pero organizaciones independientes recuerdan que ningún proyecto nuclear en Ontario se ha entregado a tiempo ni dentro de lo previsto.
La voz crítica de Ontario Clean Air Alliance
Esta coalición a favor de la energía limpia afirma que el plan nuclear, junto a otras ampliaciones atómicas, rondaría los 400 000 millones de dólares. De concretarse, la factura se trasladaría a los bolsillos de los contribuyentes y usuarios de electricidad.
Según ellos, “cada mes ya pagamos más en la factura de luz debido al aumento de los costos nucleares. El optimismo oficial no borra los riesgos financieros astronómicos”.
¿Qué alternativas proponen?
Ontario Clean Air Alliance sugiere a Stephen Lecce, ministro de Energía y Minas, que ordene a OPG asociarse con las Primeras Naciones para impulsar:
- Parques eólicos offshore en los Grandes Lagos
- Grandes granjas solares en terrenos de antiguas centrales (Port Hope, Nanticoke y St. Clair Township)
Argumentan que estas opciones serían más rápidas de construir, más baratas por kWh y generarían empleo local sin crear pasivos nucleares de largo plazo.
El dilema para Ontario (y para nosotros en Toronto)
• La demanda eléctrica crecerá con la electrificación del transporte y la calefacción.
• El gobierno ve en la nuclear una fuente estable y libre de carbono.
• Los críticos ven una inversión desproporcionada cuando la eólica y la solar han abaratado sus costos drásticamente en la última década.
Entretanto, la comunidad latina y el resto de la población de la GTA observamos cómo se define el futuro energético de la provincia: ¿apostar por un megacomplejo nuclear con riesgo financiero o diversificar con renovables más modulares?
Lo que viene
Durante los próximos años se abrirán audiencias públicas, estudios de impacto ambiental y revisiones regulatorias. Será el momento para que residentes, organizaciones y municipios expresen apoyo o rechazo.
Independientemente del desenlace, el debate ya ha puesto sobre la mesa una pregunta clave: ¿qué tipo de energía queremos financiar con nuestros impuestos y tarifas en las próximas décadas?