La tormenta de nieve que batió récords el 25 de enero dejó a gran parte de Toronto cubierta de nieve y con el transporte público prácticamente paralizado. Entre los miles de afectados estuvo Leya —quien prefiere mantener su apellido en reserva—, una trabajadora que, tras su turno de domingo, terminó recorriendo 8 km a pie para llegar a casa. Su experiencia resume el caos que vivieron muchos usuarios del TTC.
La espera que nunca llegó
A las 7 p.m., Leya salió de su empleo en Bathurst y College con la intención de tomar el tranvía hacia Bathurst Station, enlazar con la Línea 2 del metro y después con la Línea 1 hasta Lawrence Station. En un día normal, el trayecto dura 37 minutos. Sin embargo, la aplicación del TTC repetía sin cesar que el tranvía llegaría “en seis minutos”, y así pasaron varios minutos.
Aventurarse por Bathurst en plena tormenta
Cansada de la incertidumbre, Leya decidió caminar hacia Bathurst Station. Las aceras no estaban despejadas y la nieve le llegaba hasta la cintura. Para avanzar, debió arriesgarse a caminar por la calzada en varios tramos: “En Bathurst da un poco de miedo”, relata.
El subterráneo cerrado y la caminata continúa
Al llegar por fin a Bathurst Station, encontró el metro suspendido. Se prometían autobuses de reemplazo, pero nadie sabía cuándo aparecerían. Con 1 km ya recorrido, optó por seguir pie a tierra hasta Bloor Station, 4 km al este.
“Caminé todo el trayecto y no vi ni un solo autobús sustituto”, comenta. Al llegar a Bloor, la escena era desalentadora: una multitud llevaba hasta una hora esperando bajo el frío.
A lo largo de Yonge Street: calles desiertas
La suspensión también afectaba la Línea 1 hacia el norte, así que Leya siguió su marcha desde Bloor hasta Eglinton Avenue —casi 4 km más— por una Yonge Street inusualmente vacía. “Solo veía a algún parroquiano fumando afuera de un bar”, describe.
En ese tramo observó dos autobuses varados en una pendiente entre Summerhill y St. Clair, lo que reforzó su decisión de seguir caminando.
Dolor, frío y un poco de escarcha
Desde Eglinton pudo, por fin, abordar el metro una estación hasta Lawrence. La travesía total le tomó dos horas, pese a que ella se considera una caminante rápida. Aun abrigada con abrigo de invierno, manoplas, calcetines gruesos, botas de nieve y leggings térmicos bajo los jeans, llegó a casa con la cara entumecida y signos de incipiente congelación en la piel: “Sentía la cara deshielarse”.
¿Podía el TTC haber hecho más?
Leya cuestiona la respuesta tanto de la ciudad como del TTC. “Tenían aviso previo de la tormenta y, aun así, nos abandonaron en medio de la nieve”, sostiene. “El TTC actúa como si nos hiciera un favor, pero se supone que ellos están al servicio de la gente. Están quedando a deber”.
Lo que viene
Se pronostica más nieve esta semana, aunque en cantidades menores. Los usuarios esperan que esta vez los cortes y retrasos del TTC no se repitan y que la ciudad mejore su coordinación para evitar que más personas tengan que jugarse el tipo caminando kilómetros en plena ventisca.