En Toronto, pedir un patty jamaicano es tan cotidiano como tomar el TTC, pero en 1985 una decisión federal casi borra ese nombre de los menús. Esta es la historia de cómo panaderos, vecinos y políticos latinos y caribeños defendieron el pastelito más famoso de la ciudad.
Antecedentes: la llegada jamaicana a la ciudad
Entre 1955 y 1967, el West Indian Domestic Scheme reclutó mujeres caribeñas como trabajadoras domésticas en Canadá. Con la apertura migratoria de los años 60, más jamaicanos llegaron con formación y oficios, instalándose en Eglinton Ave. W., hoy Little Jamaica.
En ese contexto, la familia Davidson abrió Kensington Patty Palace, un horno de donde salía el característico pastel relleno de carne sazonada y forrado en masa amarilla de cúrcuma.
Burocracia al ataque
Todo cambió en 1985 cuando Ottawa comenzó a aplicar estrictamente la Meat Inspection Act. Según esa ley, un “beef patty” debía ser “carne molida sin otros ingredientes”. Para los inspectores, el patty jamaicano —con masa, especias y vegetales— violaba la definición.
Michael Davidson y otros panaderos recibieron un aviso: tres meses para cambiar el nombre o pagar 5 000 $ de multa. De aceptarlo, perderían clientela y, posiblemente, sus negocios.
La resistencia del barrio
Los dueños de panaderías se organizaron y, liderados por Davidson, lanzaron una campaña mediática que los periódicos titularon “Patty Wars”. Las notas pasaron de Toronto a Jamaica, donde la noticia irritó a la diáspora y coincidió con una visita del Primer Ministro Brian Mulroney a la isla.
Incluso el líder de la oposición de Ontario, David Peterson, hizo una rueda de prensa dentro de Kensington Patty Palace para denunciar la medida como “burocracia desatada”.
Tregua bien sazonada
El 19 de febrero de 1985 se celebró un “patty summit”: funcionarios federales, Michael Davidson, el Cónsul General de Jamaica y abogados se sentaron a negociar. El acuerdo permitió seguir usando el término “beef patty” siempre que fuera precedido por “Jamaican”.
Cuatro días después, el 23 de febrero, la comunidad celebró con una gran fiesta en el local, fecha que ahora es el Día del Patty en Toronto.
Legado y cultura pop
Lejos de dañar la venta, la polémica disparó la popularidad del patty. Kensington Patty Palace abrió una sede en Scarborough y terminó exportando a todo el Caribe. Décadas más tarde, el documental Patty vs. Patty de Chris Strikes recuperó la historia y ganó el Canadian Screen Award en 2023.
Hoy, cada vez que un latino en Toronto muerde un patty caliente, saborea también una victoria colectiva contra la burocracia y a favor de la identidad caribeña de la ciudad.