Mientras las temporadas de incendios forestales se vuelven más largas y agresivas en Canadá, las comunidades indígenas están demostrando que sus saberes ancestrales son clave para proteger los ecosistemas y, de paso, la historia cultural incrustada en cada tronco y cada raíz. En esta nota exploramos cómo el programa de restauración y cuidado de la tierra de la XAXE TEṈEW̱ Sacred Land Society liderado por Tiffany Joseph, en la Columbia Británica, ofrece un modelo eficaz que ya inspira a científicos de la Universidad de Columbia Británica (UBC) y a gestores ambientales de todo el país.
El rol de las comunidades indígenas
Para muchos pueblos originarios, la relación con la tierra es recíproca: si nosotros cuidamos al territorio, el territorio nos sostiene. Tiffany Joseph lo resume así: “La tierra nos extraña cuando dejamos de practicar nuestras ceremonias y labores tradicionales”. Su equipo combina conocimiento ecológico tradicional (TEK, por sus siglas en inglés) con técnicas contemporáneas de gestión forestal, manteniendo vivo un legado que se ha transmitido de generación en generación.
¿Cómo se previenen los incendios?
El corazón de su estrategia son las quemas culturales controladas. A diferencia de los incendios fuera de control, estas quemas se planifican minuciosamente:
- Se realizan en temporadas frescas y húmedas, cuando el fuego puede manejarse con mayor seguridad.
- Eligen áreas donde la acumulación de material combustible (ramas secas, hojarasca) representa un riesgo alto.
- Favorecen especies resilientes al fuego, como el pino y ciertos arbustos que brotan con fuerza tras el calor moderado.
Según datos de la UBC, las zonas tratadas con estas prácticas presentaron un 43 % menos de material inflamable que las áreas donde no se intervino. Esto significa incendios menos intensos y más fáciles de controlar cuando ocurre un rayo o una chispa.
Más allá del fuego: salud del bosque y biodiversidad
Los beneficios no se quedan en la prevención. La misma investigación indica que los suelos retienen más humedad y nutrientes tras varios ciclos de quema cultural. Además:
- Rebrote de plantas comestibles tradicionales como la baya de salal y el camassia, esenciales en la dieta indígena.
- Mayor presencia de polinizadores gracias a la apertura del dosel y la aparición de flores silvestres.
- Reducción de plagas de insectos que prosperan en bosques densos y estresados.
Un archivo viviente de la memoria
Cada tramo de bosque guarda petroglifos, senderos de recolección y sitios ceremoniales. Al mantener el paisaje abierto y saludable, las comunidades también protegen su patrimonio cultural. Joseph explica que “cuando el bosque se vuelve demasiado denso, cubre los lugares sagrados y borra las huellas de nuestros ancestros; con la restauración, volvemos a encontrarlos y a contar sus historias”.
Lecciones para Toronto y la diáspora latina
Quienes vivimos en la gran urbe podemos aprender varias lecciones prácticas:
- Respeto por el saber local: Antes de lanzar un proyecto ambiental, pregúntate quién cuidó ese territorio primero y cómo lo hizo.
- Participación comunitaria: Restaurar un parque urbano o un corredor verde es más efectivo cuando se involucra a vecinos, escuelas y organizaciones culturales.
- Prevención, no solo reacción: Al igual que las quemas culturales, la poda preventiva y la gestión de residuos orgánicos en zonas verdes urbanas pueden evitar incendios y plagas.
Mirando al futuro
La XAXE TEṈEW̱ Sacred Land Society ya colabora con agencias gubernamentales para expandir su modelo a otras regiones de la costa Pacífica. Paralelamente, la UBC desarrolla manuales que incorporan protocolos indígenas en los planes de manejo forestal. Para los latinos en Toronto —y cualquier persona interesada en un futuro sostenible—, apoyar y aprender de estas iniciativas es una manera concreta de honrar la diversidad cultural y proteger los bosques que todos compartimos.
Conclusión: La tierra no solo “nos echa de menos”; también nos ofrece la oportunidad de reconectar y actuar. Al abrir espacio a las voces indígenas, ganamos aliados expertos en resiliencia climática y guardianes de historias que merecen ser contadas por muchas generaciones más.