Antes de que el brunch se llenara de lattes de temporada y platos para Instagram, existió Golden Griddle, un restaurante sin pretensiones que alimentó a varias generaciones en Ontario—incluida la comunidad latina de Toronto—con desayunos abundantes, precios accesibles y puertas abiertas las 24 horas.
Los inicios humildes (1964)
El 2 de mayo de 1964, el emprendedor Harold McDonnell inauguró un local de 60 asientos en la esquina de Redpath y Eglinton. Su propuesta era sencilla: “no somos comida rápida, somos buena comida servida rápido”. Pancakes esponjosos, omelets, waffles belgas y hamburguesas caseras conquistaron de inmediato a los vecinos.
Crecimiento y primera ola de franquicias
El éxito obligó a pensar en grande. Para 1977 comenzó la franquicia y, con ella, la expansión por todo el GTA y el resto de Ontario. Muchas sucursales operaban 24 horas, una bendición para estudiantes tras exámenes, familias dominicales y fiesteros que buscaban recargar energías después del club.
Los imperdibles del menú
• Martes de pancakes ilimitados, un imán para presupuestos ajustados.
• Fettuccine Alfredo completo por $4.99 (precio de 1990).
• Schnitzel, patty melts y combos “todo el día” para los que desayunan a cualquier hora.
Más que un restaurante: compromiso social
McDonnell impulsó la Golden Griddle Children’s Charities, un programa que reunió a franquiciados, proveedores y clientes para financiar proyectos infantiles en la región. Comer allí no solo llenaba el estómago; también apoyaba a la comunidad.
El declive en los 2000
Cambios en los hábitos de consumo, la irrupción de cadenas rápidas y el encarecimiento de los alquileres golpearon fuerte. Local tras local fue bajando la persiana hasta quedar, en 2025, una única sucursal en 1119 Fennell Ave. E., Hamilton.
Últimos años y legado de Harold McDonnell
McDonnell falleció el 2 de marzo de 2017 en Nestleton, Ontario, a los 84 años. Dejó tras de sí una lección de hospitalidad accesible y compromiso social que muchos aún recuerdan cada vez que anhelan un stack de pancakes calientes a cualquier hora.
Golden Griddle demostró que un restaurante puede ser más que un lugar para comer: puede ser un punto de encuentro comunitario. Y aunque hoy quede solo un local, la marca persiste en la memoria colectiva—especialmente de quienes, como los latinos en Toronto, encontraron allí un sabor familiar en su nueva ciudad.