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Gobernadores de Canadá presionan a Mark Carney en Charlottetown: su plan contra los aranceles de Trump en la mira

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Este jueves, los líderes provinciales de todo Canadá se reúnen con el primer ministro Mark Carney en Charlottetown, Isla del Príncipe Eduardo, para conocer de primera mano cómo piensa encarar la inminente renegociación comercial con el presidente estadounidense Donald Trump. La cita no es de protocolo: los aranceles impuestos por Washington ya golpean al acero, al aluminio y a la agricultura canadienses —sectores que sostienen miles de empleos en Ontario y, por extensión, en el Toronto multicultural donde vive una creciente comunidad latina.

Contexto: la sombra de nuevos aranceles

La Administración Trump ha insinuado la posibilidad de reinstalar o endurecer tarifas a productos canadienses si el Gobierno federal no cede en temas como subsidios agrícolas y reglas de origen automotriz. El recuerdo del pulso arancelario de 2018 aún duele: Canadá perdió entonces unos 30 000 empleos manufactureros y el PIB sufrió un retroceso de 0,5 %. Ante ese riesgo, los gobernadores —llamados “premiers” en el sistema canadiense— quieren asegurarse de que Ottawa tenga una estrategia defensiva clara.

¿Qué exigen los gobernadores?

Según fuentes de la Council of the Federation, los mandatarios provinciales llevan tres peticiones centrales:

  • Un frente unido para responder con contramedidas inmediatas si EE. UU. activa nuevos aranceles.
  • Consultas permanentes con las provincias antes y después de cada ronda de negociación con Washington.
  • Compensaciones económicas para las industrias regionales que puedan quedar atrapadas en la guerra comercial.

El reto de Mark Carney

Carney, exgobernador de los bancos centrales de Canadá y el Reino Unido, asume su primer pulso comercial como jefe de Gobierno. Su reputación de “halcón” fiscal le da credibilidad en Wall Street, pero la dinámica política de Washington exige algo más que solvencia técnica: deberá equilibrar un discurso firme —para no ceder ante presiones de la Casa Blanca— con la diplomacia que evite una escalada dañina. Además, el país afronta elecciones federales en 2027: cualquier paso en falso puede costarle apoyo en provincias clave como Ontario y Alberta.

Claves de su posible estrategia

Expertos en comercio vaticinan que Carney podría adoptar un enfoque de dos carriles:

  • Disuasión: dejar listo un paquete de aranceles espejo sobre bienes icónicos de Estados Unidos (motos, whisky, jugo de naranja) que impacten a estados políticamente sensibles para Trump.
  • Negociación técnica: buscar exenciones sectoriales, sobre todo en el aluminio “verde” canadiense, argumentando su menor huella de carbono frente al metal chino que también importa EE. UU.

Lo que está en juego para Toronto y su comunidad latina

En el área metropolitana de Toronto operan más de 1 200 empresas de autopartes y tres plantas automotrices de ensamblaje. El 83 % de esa producción cruza la frontera rumbo a Michigan y Ohio. Un nuevo impuesto del 10 % elevaría el costo de los vehículos entre 800 y 1 300 dólares canadienses, lo que pondría en riesgo empleo industrial y encarecería los autos familiares que muchas familias latinas planean adquirir.

Además, las remesas que los trabajadores mexicanos, colombianos y centroamericanos envían desde el GTA podrían resentirse si las horas extras se recortan o las plantas detienen líneas de producción. Organizaciones como la Hispanic Chamber of Commerce of Toronto ya han solicitado al Gobierno provincial un fondo de emergencia para PYMES exportadoras.

Próximos pasos

Tras la reunión de Charlottetown, se espera que Carney publique un “marco de acción” en un plazo de dos semanas. Los gobernadores quieren que ese documento detalle:

  1. El nivel exacto de represalias arancelarias que Canadá está dispuesto a imponer.
  2. Un calendario de consultas formales con los ministros de economía provinciales.
  3. Un paquete de estímulos temporales para manufactura y agricultura.

Mientras tanto, las cámaras de comercio recomiendan a las empresas canadienses diversificar mercados en América Latina y Asia, y adelantar pedidos de insumos estadounidenses antes de que cualquier arancel los encarezca.

Latinos en Toronto y todo Canadá seguirán de cerca esta pulseada comercial: de ella depende el precio de bienes cotidianos, la estabilidad de sus empleos y —no menos importante— la salud de la relación bilateral más crucial para la economía canadiense.