La decisión del gobierno de Alberta de permitir nuevamente la caza de osos negros con perros ha levantado polémica en todo Canadá y también entre la comunidad latina de Toronto, donde las noticias sobre conservación suelen generar debate. La provincia sostiene que la medida ayudará a proteger los amenazados rebaños de caribú, pero varios biólogos de vida silvestre —incluido quien fuera el principal encargado del programa de caribú— aseguran que la estrategia es, como mínimo, cuestionable.
¿Cuál es la lógica del gobierno?
Según la versión oficial, los osos negros depredan crías de caribú en primavera. Al reducir la población de osos mediante la caza con perros, el gobierno espera disminuir esa presión y favorecer la recuperación de los caribúes, una especie catalogada como amenazada en gran parte de Alberta.
Las dudas de los expertos
Biólogos independientes argumentan que los osos no son la principal causa del declive del caribú. Señalan que la pérdida y fragmentación de hábitat por la industria petrolera y maderera tienen un impacto mucho mayor. El propio exgerente provincial de caribú sostiene que enfocar los esfuerzos en la depredación es desviar la atención de la auténtica raíz del problema: la degradación del bosque boreal.
Problemas de efectividad
Incluso si se redujera la población de osos, los científicos advierten que otras especies como los lobos grises seguirán ejerciendo presión sobre los caribúes. Además, la cacería con perros puede dispersar a los osos más allá de las zonas objetivo, alterando el delicado equilibrio ecológico sin garantizar un beneficio real para el caribú.
Consecuencias éticas y sociales
La caza con perros despierta fuertes reacciones en la opinión pública canadiense, sobre todo por consideraciones de bienestar animal. Para muchas comunidades indígenas y para parte de la población urbana —incluidos torontonianos que visitan las Rocosas—, la práctica resulta controvertida y contraviene valores de conservación ética.
Lo que piden los científicos
Quienes se oponen a la medida reclaman concentrar recursos en:
- Restaurar y proteger corredores de bosque boreal.
- Regular más estrictamente la exploración petrolera y la tala.
- Implementar programas de cría y reintroducción de caribúes donde sea viable.
- Monitorear poblaciones de depredadores con estudios de campo rigurosos antes de aprobar controles letales.
¿Qué sigue?
El debate continuará durante la temporada de caza, mientras los primeros reportes sobre su impacto real lleguen a la comunidad científica. Por ahora, la promesa de “salvar al caribú cazando osos” sigue generando escepticismo. Para los latinos en Toronto interesados en la naturaleza canadiense, vale la pena seguir la conversación y exigir políticas basadas en evidencia, no solo en pólvora y perros.