ST. THOMAS, Ontario — En 1914, St. Thomas era uno de los nudos ferroviarios más transitados de Norteamérica. Con más de 100 trenes diarios de ocho compañías distintas, esta pequeña localidad del suroeste de Ontario servía de puente estratégico entre ciudades como Detroit, Búfalo, Nueva York y Chicago. Sin embargo, un siglo después, la autodenominada “Ciudad del Ferrocarril” (Railway City) se encuentra paradójicamente desconectada de la red ferroviaria de pasajeros.
El dilema de St. Thomas refleja un fenómeno extendido por todo Canadá: a medida que el país invierte miles de millones de dólares en revivir las líneas de viajeros, las comunidades chocan contra una infraestructura desmantelada o reconfigurada exclusivamente para el transporte pesado de mercancías.
De 112 edificios a ruinas e instalaciones cerradas
El declive del tren de pasajeros en la segunda mitad del siglo XX provocó que las grandes compañías no solo retiraran sus servicios, sino que vendieran las vías para chatarra o levantaran las instalaciones. De los 112 edificios que componían el complejo ferroviario original de St. Thomas, solo sobreviven tres.
Entre ellos se encuentra el histórico edificio de los talleres de Michigan Central Railway, construido en 1913 y sede del Museo Ferroviario del Condado de Elgin. A pesar de su valor patrimonial, la edificación permanece cerrada al público por riesgo estructural.
“La gente tiene que despertar y prestar atención a lo que estamos perdiendo”, señala Wil Zufelt, presidente de Railworks, la organización que busca recaudar 8 millones de dólares para restaurar el inmueble y convertirlo en el corazón cultural del municipio.
Las barreras técnicas y el monopolio de las vías
Mientras Canadá intenta reactivar el transporte ferroviario de personas con proyectos de gran envergadura —como el servicio interurbano Alto entre Toronto y Quebec, o el regreso del tren Northlander en el norte de Ontario—, los expertos advierten de los grandes obstáculos logísticos y legales:
- Vías cortadas y promesas incumplidas: En St. Thomas, tramos históricos como el antiguo ferrocarril de London a Port Stanley terminan abruptamente en medio del césped. A pesar de que existe un mandato federal emitido en 1990 que obliga a la compañía Canadian National (CN) a reinstalar una conexión clave, la orden nunca se ha ejecutado.
- Redes optimizadas para mercancías: Según el experto en transporte Anthony Perl, cuando los trenes de pasajeros desaparecieron, las empresas ferroviarias eliminaron vías de paso y señalización para adaptar la red exclusivamente a trenes de carga largos y lentos.
- El control de las infraestructuras: A diferencia de las aerolíneas o las empresas de transporte por carretera, las grandes compañías privadas poseen la propiedad absoluta de las vías, lo que les da el poder de decisión sobre qué proyectos pueden prosperar y cuáles no.
| Período | Estado de la Red en St. Thomas | Impacto en la Comunidad |
| Principios del S. XX | Centro neurálgico con +100 trenes diarios | Prosperidad industrial; sede de consulado de EE. UU. |
| Mediados-Finales S. XX | Auge del automóvil; desmantelamiento de vías | Pérdida paulatina de rutas de pasajeros y cierres de líneas. |
| Actualidad | Infraestructura fragmentada | Cero conexiones de viajeros; proyectos de reconstrucción atascados. |
El caso de St. Thomas demuestra que recuperar el tren de pasajeros en Norteamérica requiere mucho más que presupuesto: implica reconstruir desde cero un entramado urbano y legislativo privatizado durante décadas.