El premier de Ontario, Doug Ford, volvió a sacudir la política municipal al anunciar que la provincia tomará el control total del aeropuerto Billy Bishop. Esta movida es sólo la última de una cadena de proyectos provinciales a lo largo del waterfront que despiertan preocupación entre residentes —incluida la comunidad latina— por el rumbo y el costo de estas transformaciones.
Un aeropuerto estratégico en la mira
Desde 1983, la gestión de Billy Bishop depende de un acuerdo tripartito entre la Ciudad de Toronto, la Toronto Port Authority y el gobierno federal. Ford pretende romper ese equilibrio y colocar el aeropuerto bajo jurisdicción provincial. Además, quiere alargar la pista para permitir vuelos con reactores y acelerar los trámites aduaneros con un punto de pre-clearance estadounidense. Sus defensores prometen más conectividad y turismo; sus detractores temen mayor ruido, tráfico y privatización encubierta del espacio público.
La ola de megaproyectos provinciales
El takeover del aeropuerto no es un caso aislado. En los últimos meses, la provincia ha lanzado:
- Un nuevo Centro de Ciencias de 1.040 millones de dólares que reemplazará al histórico Ontario Science Centre, cerrado en 2024.
- La polémica remodelación de Ontario Place, que incluye un megaspa privado junto al lago.
- Una propuesta de centro de convenciones “shock and awe” para sustituir al Metro Toronto Convention Centre, calificado por Ford como “terrible”.
Para muchos vecinos, estos planes transformarán la ribera en un playground para quien pueda pagarlo, relegando el acceso público y la opinión local.
Indignación en redes sociales
Las reacciones no tardaron en llegar:
- Usuarios en X critican que Ford “actúa como alcalde de Toronto” y preguntan de dónde sale el dinero cuando “se supone que no crece en los árboles”.
- En Reddit abundan los comentarios que señalan la contradicción entre el gusto de Ford por privatizar servicios y su afán por centralizar la gestión del waterfront. “¿Alguien pidió esto?”, se preguntan.
- Otros resumen el sentir popular: “Está convirtiendo la costa en el patio de juegos de los ricos y nosotros lo pagamos”.
¿Puede la provincia hacer esto? Aspecto legal
En Canadá, las municipalidades son creaciones de las provincias. Eso significa que, jurídicamente, el gobierno ontariano sí puede reescribir acuerdos, fusionar consejos escolares o imponerse sobre decisiones locales —algo que Ford ya mostró con la reducción del concejo municipal en 2018 y las recientes leyes de “super alcaldes”. La legalidad, sin embargo, no disipa las dudas éticas ni el malestar político.
Prioridades bajo la lupa
Muchos vecinos señalan que mientras se destinan miles de millones al waterfront, la provincia arrastra déficits en salud y educación. El contraste alimenta la narrativa de que Ford privilegia proyectos vistosos sobre servicios esenciales.
La arista familiar y lo que viene
Para añadir condimento político, Michael Ford —sobrino del premier, exconcejal y actual diputado provincial— declaró que “considera seriamente” postularse a la alcaldía de Toronto en 2026. Si lo hace, la familia Ford ejercerá influencia dual sobre la ciudad desde Queen’s Park y, potencialmente, desde el ayuntamiento.
Entre ampliaciones de aeropuertos, spas de lujo y centros de ciencias relucientes, el waterfront de Toronto vive una reinterpretación comandada por la provincia. Queda por ver si la ciudadanía —latinos incluidos— logrará hacerse oír en un proceso donde, hasta ahora, la última palabra la tiene Doug Ford.