Para cerrar el año con algo que realmente pudieran recordar, dos amigos de Scarborough decidieron atravesar a pie los 46 kilómetros que separan el extremo oeste y el extremo este de Toronto. Lo hicieron en pleno invierno, en un solo día y documentando cada momento para inspirar a otros a salir de su zona de confort.
El desafío: 46 km de oeste a este
Jamil Banks y su amigo Jahrill “JJ” McAlmont partieron al amanecer desde la frontera entre Mississauga y Etobicoke con la meta clara: llegar al límite con Pickering, en Rouge Valley, antes de que terminara la jornada. Google Maps calculaba unas 13 horas de caminata continua, pero el plan incluía paradas, clima invernal y algunos giros inesperados.
Tres mini-misiones que le dieron sabor al viaje
Para mantener la motivación, se impusieron tres retos adicionales:
- Probar un platillo nuevo.
- Realizar un acto de buena voluntad.
- Convencer a un desconocido de acompañarlos durante 1 000 pasos.
Si no cumplían los tres antes de llegar a la meta, las redes sociales se encargarían de asignarles un castigo.
Un acto de bondad que llegó rodando
A las pocas horas de empezar, varias piezas metálicas se desprendieron de un automóvil y cayeron en la calle. JJ, Jamil y un transeúnte llamado Sammy corrieron a retirarlas para evitar accidentes. Con la misión de buena voluntad completada, Sammy insistió en invitarles el almuerzo. Entre bocados de comida y una conversación profunda, los tres comprobaron que “si estás dispuesto a hablar, siempre hay gente buena por ahí”.
El duro punto medio: frío, dolor y compras de emergencia
Al pasar la marca de la mitad del recorrido, el frío se volvió más intenso. JJ admitió: “Estoy a medio camino de la hipotermia, necesito guantes”. Mientras él compraba un par en Dollarama, Jamil lidiaba con fuertes dolores en la cadera. “El dolor físico importaba, pero el reto real era mental—sabíamos que aún quedaban seis horas”.
Renunciar no era opción. Jamil lo había dejado claro: solo se detendría si literalmente ya no podía mover las piernas.
Replantear la relación con la incomodidad
El trayecto confirmó para Jamil que muchos de nuestros límites son mentales. “Cuando lo reconoces, es más fácil sorprenderte a ti mismo”.
La célebre siesta en Tim Hortons
A cuatro horas de la meta hicieron la tercera parada para comer. Mientras Jamil pedía algo, JJ se quedó dormido sentado a la mesa. Entre risas y algo de persuasión lograron que volviera a ponerse de pie. Quedaba la recta final.
El obstáculo final: una colina inesperada
A una hora del final apareció la prueba más dura: una pendiente empinada que castigó sus piernas cansadas. Con un breve discurso motivador y pura determinación, consiguieron coronar la colina y divisar el letrero del “Last Gas”, la estación Esso que marca la frontera con Pickering.
Meta alcanzada y lecciones aprendidas
46 kilómetros, 12 horas y 59 000 pasos después, los amigos tocaron su línea de llegada. ¿La conclusión? Lo harían de nuevo sin dudarlo.
“Estoy agradecido de haberlo hecho con JJ y quiero repetir algo parecido en otras partes del mundo”, contó Jamil. Su mensaje para quienes temen asumir un reto incómodo o difícil: “Inténtalo. La confianza que ganas cuando completas un desafío incómodo vale mucho más que el dolor momentáneo”.