Mucho antes de que Pearson y Billy Bishop registraran cientos de despegues diarios, los cielos de Toronto eran territorio inexplorado, reservado para unos cuantos “hombres-pájaro” que se jugaban la vida en máquinas frágiles de madera y tela. Esta es la historia, paso a paso, de cómo la ciudad se convirtió en uno de los primeros escenarios de la aviación canadiense.
Comienza la era del asombro
El éxito de los hermanos Wright en 1903 encendió la imaginación del mundo entero. En esos años, los aviones no se concebían como un medio de transporte cotidiano, sino como un espectáculo que llevaba multitudes a las ferias. Sin embargo, el potencial comercial y militar era evidente, y la ribera del lago Ontario pronto se transformó en laboratorio y vitrina aérea.
1909 – El primer espectáculo aéreo en Canadá
El 7 de septiembre de 1909, el parque de diversiones Scarboro Beach recibió al joven Charles Willard y su biplano “Golden Flyer”. Con solo seis metros libres entre las alas y sin pista adecuada, se improvisó un canal de madera de 90 metros que terminaba en un desnivel de un metro sobre el lago. Tras un intento fallido el 2 de septiembre que terminó con el avión en el agua, Willard logró despegar y volar durante cinco minutos sobre el lago, arrancando vítores de una multitud que veía un aeroplano por primera vez en su vida.
1910 – El primer sobrevuelo de la ciudad
Un año más tarde, el conde Jacques de Lesseps llegó desde París con su monoplano Le Scarabée. Despegó de Trethewey Farms (hoy parte de North York), cruzó el centro hasta el lago y regresó. Fue la primera vez que un piloto sobrevoló la ciudad, demostrando que el espacio aéreo de Toronto era conquistable.
1911 – Hamilton–Toronto en 35 millas
Charles Willard volvió a hacer historia junto al canadiense John McCurdy. Willard siguió la línea de la costa; McCurdy se lanzó directamente sobre el agua. Ambos aterrizaron con éxito: Willard en los terrenos de la Exposición Nacional y McCurdy en Fishermans Island. Habían cubierto los 56 km en 43 y 36 minutos, respectivamente.
1914 – Primer pasajero entre Toronto y Hamilton
El piloto estadounidense Theodore Macaulay quiso romper el récord anterior a bordo del hidroavión “Sunfish”. Llevó como pasajero al reportero Lou E. Marsh del Toronto Daily Star. El vuelo llegó tres minutos antes que la marca de McCurdy y, de paso, inauguró el transporte de pasajeros entre las dos ciudades. Al aterrizar, Marsh mandó un telegrama lacónico a su esposa: “Phone Mrs. Marsh am O.K.”
Las alas al servicio de la guerra y los negocios
Con la Primera Guerra Mundial, la costa de Toronto cobró un nuevo rol. En 1915 abrió la fábrica Curtiss Aeroplanes and Motors Ltd., que produjo aviones para el esfuerzo bélico. Al terminar la contienda, los ases Billy Bishop y William Barker compraron hidroaviones excedentes y fundaron Bishop-Barker Aeroplane Ltd., la primera empresa comercial de la ciudad, ofreciendo vuelos chárter desde el puerto hasta Muskoka.
Legado y despegue definitivo
Aquellas exhibiciones pioneras cimentaron la infraestructura, el conocimiento y el entusiasmo popular que hoy sostienen a dos aeropuertos internacionales. Lo que empezó como un truco de feria se transformó en un sistema que mueve a millones de personas cada año. Cada vez que un avión sobrevuela Toronto, lleva consigo la memoria de los “hombres-pájaro” que, entre tablones y aplausos, demostraron que el cielo también pertenecía a la ciudad.