Un nuevo capítulo en la turbulenta historia de Popeyes en la ciudad acaba de escribirse: la sucursal de Parkdale ha sido formalmente embargada por falta de pago de renta. Para la comunidad latina de Toronto, el caso refleja los retos que enfrentan muchos negocios en medio de rentas disparadas y márgenes cada vez más estrechos.
Un aviso que lo dice todo
En la puerta del local de 1402 Queen St. W. cuelga ahora un “Notice of Distress” emitido por el propietario del inmueble. El documento indica que el arrendatario adeuda $14,000 CAD y concede cinco días para liquidar el monto antes de que el dueño pueda vender los bienes del restaurante y recuperar su dinero.
Acceso limitado y contrato aún vigente
Aunque el espacio está bajo embargo, Popeyes puede ingresar para resolver la situación siempre que cuente con permiso del arrendador. Por ahora, el contrato de arrendamiento no ha sido rescindido, lo que deja abierta la puerta a una posible negociación de último minuto.
Voces del vecindario
En redes sociales, la noticia apenas sorprendió a muchos residentes. Varias personas señalaron que las porciones eran menores que en otros locales y que el servicio al cliente dejaba que desear. Otros comentaron que los altos costos operativos y la rotación de personal ya venían pasando factura a la cadena.
La punta del iceberg
El caso de Parkdale no es aislado. En los últimos dos años han cerrado o enfrentado problemas financieros otras sucursales en zonas como Scarborough (2633 Lawrence Ave. E.), Beaches y Christie Pits. Denuncias por falta de pago a empleados, condiciones insalubres y bajas ventas se repiten en distintos puntos de la ciudad.
Rentas en ascenso e inflación sin tregua
Especialistas señalan que la combinación de alquileres récord y costos de insumos al alza presiona con fuerza al sector restaurantero. Negocios con márgenes reducidos —sobre todo franquicias que deben pagar regalías— son particularmente vulnerables. Popeyes, a pesar de su fama mundial, no escapa a esta realidad torontiana.
¿Reapertura o cierre definitivo?
El reloj corre: si los $14,000 CAD no se saldan a tiempo, el propietario puede disponer del mobiliario y equipo. Resta ver si la gerencia local encuentra los recursos necesarios o si este Popeyes seguirá el camino de otras sucursales que bajaron la persiana para siempre.
Por lo pronto, los amantes del pollo frito criollo tendrán que desplazarse a otras zonas de Toronto mientras se decide el futuro de la emblemática esquina de Parkdale.