Tras el bombardeo estadounidense a Irán, Trudeau llama a la calma y al diálogo internacional
Mientras Washington y Teherán protagonizan un nuevo y preocupante episodio de tensiones militares —esta vez con ataques directos a instalaciones nucleares iraníes—, Canadá ha tomado una postura clara: apuesta por la diplomacia.
Desde Ottawa, el primer ministro Justin Trudeau y la ministra de Relaciones Exteriores, Mélanie Joly, han llamado con firmeza a evitar una escalada bélica y han insistido en que “la única vía sostenible hacia la estabilidad es el diálogo multilateral”. Este mensaje llega justo después de que el gobierno de EE.UU., liderado por Donald Trump, autorizara una ofensiva quirúrgica que destruyó varios sitios nucleares iraníes.
Una postura coherente, pero ¿suficiente?
La posición canadiense es consistente con su historial en política exterior: moderada, legalista y basada en normas multilaterales. Sin embargo, la pregunta que resuena en círculos diplomáticos y académicos es otra: ¿basta con pedir calma cuando el principal socio comercial y militar del país lanza bombas sobre otro Estado soberano?
Hasta el momento, Ottawa no ha condenado explícitamente el ataque, lo que ha generado críticas en sectores progresistas y en organizaciones por la paz, que exigen a Canadá actuar con mayor independencia estratégica frente a Washington.
¿Una oportunidad para el liderazgo diplomático?
Canadá podría aprovechar este momento para reposicionarse como mediador internacional, un papel que desempeñó en el pasado con reconocimiento global. Si bien no tiene el peso militar de EE.UU., sí cuenta con la credibilidad necesaria para articular una tercera vía entre la confrontación y la sumisión geopolítica.
Las declaraciones de Trudeau y Joly apuntan a reforzar el papel de Naciones Unidas y a mantener abiertos los canales con socios europeos y regionales, como Francia, Alemania, Turquía y los países del Golfo, que también han pedido moderación.
¿Es hora de que Canadá recupere su voz independiente?
Lo ocurrido en Irán no es solo un conflicto lejano. La volatilidad en Medio Oriente puede generar impactos globales en energía, comercio e incluso seguridad cibernética. Además, la participación de EE.UU. en ataques sin mandato de la ONU cuestiona los límites del derecho internacional, un principio que Canadá ha defendido históricamente.
Canadá debe decidir si seguirá actuando como “el aliado razonable” que susurra tras bambalinas, o si asumirá un rol más proactivo en defensa de la legalidad internacional. En tiempos donde las potencias retroceden hacia la fuerza bruta, la diplomacia —bien ejercida— podría ser el nuevo poder duro.