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‘¿Y nuestra voz?’ Líderes métis de Alberta denuncian exclusión de Ottawa en el proyecto del oleoducto Pacific Link

En plena carrera por llevar crudo desde los arenales bituminosos de Alberta hasta la costa del Pacífico, el primer ministro Mark Carney viajó al norte de Fort McMurray para promover el avance del oleoducto Pacific Link. Mientras el anuncio acaparaba titulares nacionales, las comunidades métis locales alzaron la voz: dicen no haber sido consultadas, a diferencia de sus vecinos de las Primeras Naciones.

¿Qué es el oleoducto Pacific Link?

Pacific Link es la nueva apuesta de Pembina Pipeline para mover unos 1,2 millones de barriles diarios de crudo diluido desde Fort McMurray hasta un superterminal portuario en la Columbia Británica. La ruta planeada atraviesa más de 1 200 km de tierras boscosas, zonas de caza tradicionales y cuencas hídricas clave para numerosas comunidades indígenas.

La obligación de consultar a los pueblos originarios

La Constitución canadiense y múltiples fallos de la Corte Suprema establecen el “deber de consulta y acomodo” siempre que un proyecto federal pueda afectar derechos indígenas. No basta con encuentros simbólicos: las comunidades deben recibir información técnica, participar en los estudios de impacto y, cuando sea necesario, obtener compensaciones o cambios al proyecto.

Lo que denuncian los líderes métis

Joel Fraser, presidente de Métis Local 1935, aseguró que «nuestros territorios tradicionales están directamente en la ruta del ducto; si no nos sientan a la mesa, están violando sus propias leyes». La dirigente Christine Ducharme añadió que el proyecto amenaza zonas de recolección de bayas, trampas de caza y cursos de agua donde la comunidad pesca desde hace generaciones.

¿Qué dice Ottawa y la empresa?

En la conferencia junto a la premier de Alberta, Danielle Smith, Carney reiteró su compromiso con «consultas significativas» y señaló que los diálogos formales con las Primeras Naciones ya comenzaron. Sin embargo, cuando periodistas preguntaron por encuentros específicos con los Métis, el primer ministro respondió que «el proceso está en construcción». Pembina, por su parte, envió un comunicado resaltando que todavía están «en la fase preliminar» y que planean «extender las invitaciones pertinentes en las próximas semanas».

Impacto ambiental y económico

La empresa proyecta que Pacific Link inyectará más de 9 000 millones de dólares a la economía y generará hasta 10 000 empleos en construcción. Críticos recuerdan que el oleoducto cruzaría ecosistemas frágiles y elevaría las emisiones de gases de efecto invernadero. Para los Métis, el riesgo va más allá de cifras: se trata de la pervivencia cultural de un pueblo que depende de la tierra.

¿Por qué debería importar en Toronto?

La mayoría del crudo que saldría por Pacific Link terminaría en refinerías asiáticas, pero el tema toca fibras nacionales: desde la credibilidad climática de Canadá hasta la relación del gobierno con los pueblos originarios. Además, cualquier retraso —por demandas o bloqueos— impacta la percepción internacional de la infraestructura energética canadiense, clave para la economía de todo el país, incluida Ontario.

Próximos pasos

Los Métis evalúan acciones legales si Ottawa no inicia consultas formales antes de que concluya el estudio de impacto ambiental previsto para principios de 2025. Mientras tanto, líderes comunitarios piden a los residentes urbanos —incluida la diáspora latina de Toronto— que se informen y presionen a sus diputados: «El desarrollo no puede avanzar sobre nuestros derechos», subraya Fraser.

La pelota está ahora en la cancha federal. Si Carney cumple su promesa de diálogo real, Pacific Link podría convertirse en un ejemplo de reconciliación moderna. Si no, corre el riesgo de repetir el ciclo de conflicto que ha marcado tantos proyectos energéticos en Canadá.