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Tensión en Montreal por sala de consumo supervisado: vecinos exigen traslado y activistas defienden vidas

Un debate que ya se vive en varias ciudades de Canadá acaba de estallar en el barrio Saint-Henri de Montreal. Mientras la comunidad latina de Toronto observa cómo evoluciona la conversación nacional sobre la reducción de daños, la disputa en torno a la sala de consumo supervisado de Maison Benoît Labre ofrece un espejo de los desafíos que enfrentan nuestros propios vecindarios.

¿Qué está pasando exactamente?

El lunes por la noche, dos grupos se plantaron cara a cara en la calle: por un lado, residentes que denuncian un aumento de jeringas tiradas, hurtos menores y sensación de inseguridad; por el otro, defensores de la salud pública que aseguran que el servicio salva vidas en plena crisis de sobredosis. La tensión escaló, la policía vigiló y el tema quedó instalado en la agenda municipal.

La función de la sala de consumo supervisado

Maison Benoît Labre permite que personas usuarias de drogas inyectables consuman en presencia de personal médico capacitado para prevenir y revertir sobredosis con naloxona. También:

  • Ofrece pruebas de sustancias para detectar la presencia de fentanilo u otros adulterantes letales.
  • Brinda acceso a atención primaria, consejería y derivaciones a programas de tratamiento cuando la persona está lista.
  • Reduce la transmisión de VIH y hepatitis C mediante la entrega de material estéril.

¿Funcionan estos sitios?

Estudios federales muestran que los 39 centros autorizados en Canadá han respondido a decenas de miles de sobredosis sin una sola muerte en el lugar. Además, un análisis de costo-beneficio del Instituto Canadiense de Información Sanitaria calcula que cada dólar invertido ahorra hasta 4,10 $ en gastos hospitalarios a largo plazo.

Las preocupaciones vecinales

El grupo Saint-Henri Sécuritaire afirma que desde que el servicio abrió sus puertas:

  • Los parques cercanos se llenan de residuos relacionados con el consumo.
  • Hay más personas durmiendo en portales y estacionamientos.
  • El comercio local ve caer la afluencia de clientes por la “mala imagen” de la zona.

Su propuesta: trasladar la sala a un área industrial o integrarla dentro de un hospital donde, creen, el impacto barrial sería menor.

El argumento de los defensores

Para organizaciones como Cactus Montréal y la Red Canadiense de Personas que Usan Drogas, cerrar o mover el sitio equivaldría a romper un salvavidas en plena tormenta. Alegan que:

  • La mayoría de los usuarios vive a pocas cuadras; alejar el servicio significaría consumir en la calle o en baños públicos.
  • Culpar al centro por problemas sociales ignora factores macro: falta de vivienda asequible, salud mental sin recursos y estigmatización.
  • La presencia de personal sanitario reduce comportamientos de riesgo y permite derivar a servicios sociales.

Contexto: la crisis de sobredosis en Quebec y Canadá

En 2023, Quebec registró más de 700 muertes por envenenamiento de opioides, según Salud Pública. A nivel nacional, las cifras superaron las 6 000. Fentanilo y benzodiazepinas adulteradas lideran la causa. Las salas de consumo son una de varias estrategias respaldadas por Health Canada junto con:

  • Programas de suministro seguro.
  • Ampliación del acceso a tratamiento con metadona y buprenorfina.
  • Capacitación masiva en naloxona para la población general.

¿Qué podría ocurrir ahora?

El concejo municipal de Montreal evaluará posibles medidas, que van desde reforzar la seguridad y limpieza en las calles circundantes hasta un eventual estudio de reubicación. Mientras tanto, el Ministerio de Salud provincial recuerda que el permiso federal para operar incluye requisitos estrictos de reporte y mitigación de impactos.

Reflexión para Toronto

Toronto cuenta con once servicios similares y debates parecidos en barrios como Moss Park o Parkdale. La experiencia de Montreal subraya la necesidad de mesas de diálogo comunitario, inversión en vivienda de apoyo y, sobre todo, datos transparentes que permitan separar percepción de realidad.

La conversación está lejos de terminar. Lo que se decida en Saint-Henri resonará en todo el país y, sin duda, influirá en cómo las ciudades—incluida nuestra Toronto latina—equilibran seguridad pública y compasión sanitaria.