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El último lago flotante de Canadá desaparece: una llamada de alerta climática

En pleno Ártico canadiense existía un fenómeno natural tan raro como frágil: un lago de agua dulce que flotaba, literalmente, sobre agua salada. Ese cuerpo de agua, conocido como el lago epishelf de Milne Fiord, se drenó por completo en 2020. Con él se fue no solo un paisaje singular, sino también un ecosistema irrepetible. Acompáñanos a entender por qué esta pérdida debería importarnos, incluso a quienes vivimos a miles de kilómetros en Toronto.

¿Qué es un lago epishelf?

Un lago epishelf se forma cuando el agua dulce, proveniente del deshielo de glaciares o de la lluvia, queda atrapada detrás de una barrera de hielo flotante. Esa plataforma mantiene la masa de agua dulce “flotando” sobre el agua salada del océano. El resultado es un cuerpo estratificado en dos capas:

  • Arriba, una capa estable de agua dulce, menos densa.
  • Abajo, agua de mar más densa.

Ambas capas rara vez se mezclan, creando un nicho ecológico con temperaturas, salinidades y organismos únicos.

Por qué el lago de Milne Fiord era tan especial

Hasta su desaparición, el lago epishelf de Milne Fiord en la costa norte de la Isla Ellesmere, en Nunavut, era el último de su tipo en Canadá y uno de los pocos que quedaban en el planeta. Estaba cubierto de hielo todo el año, lo que lo protegía de la evaporación y de la agitación del viento. En sus aguas vivían:

  • Bacterias fotosintéticas adaptadas a la poca luz que filtraba el hielo permanente.
  • Pequeños crustáceos y plancton que prosperaban en la capa dulce.
  • Una cadena alimentaria aislada del océano circundante.

Para los científicos, era una ventana al pasado, porque reproducía condiciones similares a las de antiguos lagos glaciares.

¿Cómo se esfumó el lago?

Todo cambió en el verano de 2020 cuando una plataforma de hielo de 4 000 años de antigüedad que sellaba el fiordo colapsó tras un récord de calor en el Ártico. El agua dulce perdió su “tapón” y se drenó en cuestión de días hacia el océano. Instrumentos anclados en la zona —como el mooring que se ve en la foto original del artículo— registraron:

  • Un descenso abrupto del nivel de la capa dulce.
  • Cambios drásticos en temperatura y salinidad.
  • La entrada de agua marina, que barrió con especies incapaces de tolerar la sal.

Impacto ecológico inmediato

El drenaje significó la pérdida total de un ecosistema que nunca volverá a formarse con las mismas características. Los organismos especializados:

  • Murieron o fueron arrastrados al océano.
  • No encontraron refugio alternativo, ya que no existen otros lagos epishelf cercanos.

Para la ciencia, implica el cierre de un laboratorio natural vital para estudiar la vida en ambientes extremos y los efectos de la estratificación del agua.

Lo que revela sobre el calentamiento del Ártico

El Ártico se está calentando casi cuatro veces más rápido que el promedio global. El colapso del lago es uno de muchos signos:

  • Hielos milenarios que antes parecían permanentes colapsan cada vez con más frecuencia.
  • Se pierden barreras naturales que mantenían lagos, fiordos y estuarios aislados.
  • Se altera la circulación de agua dulce que influye en corrientes oceánicas globales.

Relevancia para Canadá… y para Toronto

Aunque Toronto esté lejos del Círculo Polar, el destino del lago epishelf toca de cerca a la ciudad:

  • Subida del nivel del mar: el deshielo ártico añade agua a los océanos, afectando costas donde viven familiares y amigos en América Latina.
  • Patrones meteorológicos: la pérdida de hielo modifica el chorro polar y puede intensificar olas de calor o de frío en el sur de Canadá.
  • Biodiversidad: la desaparición de ecosistemas únicos reduce la resiliencia global frente al cambio climático.

Cómo lo estudiaron los científicos

Investigadores instalaron desde 2010 sensores de temperatura, salinidad y presión, además de cámaras submarinas. Tras el colapso, compararon:

  • Datos históricos del lago.
  • Imágenes satelitales que mostraban la ruptura de la plataforma de hielo.
  • Modelos climáticos que proyectan más eventos extremos en la región.

¿Qué podemos hacer desde Toronto?

No todo está perdido. Las acciones locales aún pueden influir en la salud del Ártico:

  1. Reducir nuestra huella de carbono: optar por transporte público, bicicleta o autos eléctricos.
  2. Apoyar políticas de transición energética: exigir a los gobiernos locales y federales metas más ambiciosas.
  3. Educar y compartir: hablar de estos temas en nuestras comunidades latinas para amplificar la conciencia.
  4. Participar en ciencia ciudadana: proyectos que monitorean calidad del aire, cobertura de hielo o especies migratorias.

El lago epishelf de Milne Fiord era más que una curiosidad geográfica; era un testigo silencioso de un Ártico que se derrite ante nuestros ojos. Su desaparición nos envía un mensaje claro: no existen fronteras para el cambio climático. Así como el agua dulce se perdió en el océano, nuestro futuro está entrelazado con el del planeta. Actuemos ahora para que historias como esta sean recordatorios, no obituarios, de lo que aún podemos proteger.