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Solo quedan 75 orcas y un nuevo oleoducto las pone en riesgo

Mientras en Toronto seguimos muy de cerca las noticias del mercado laboral y el costo de la vivienda, en la otra punta de Canadá se libra una batalla decisiva para la fauna marina. Con apenas 75 orcas residentes del sur registradas, la propuesta de un nuevo oleoducto que transportaría crudo desde Alberta hasta la costa britano-colombiana amenaza con agravar su ya crítica situación. A continuación, desglosamos los detalles clave que todo latino en Toronto debería conocer.

¿Quiénes son las orcas residentes del sur?

Se trata de una población de Orcinus orca que pasa gran parte del año en aguas costeras de la Columbia Británica y el estado de Washington. A diferencia de otras orcas, se alimentan casi exclusivamente de salmón chinook, su principal fuente de energía y nutrientes. Su número ha venido cayendo desde mediados del siglo XX por la pérdida de presas, la contaminación y el tráfico marítimo.

Una población al borde del abismo

El último censo registra solo 75 individuos, cifra tan baja que cualquier evento adverso —desde la muerte de una hembra reproductora hasta la falta de salmones— puede empujarlos a la extinción funcional. Investigaciones recientes revelan que cuando una hembra tiene un macho como cría, sus posibilidades de reproducirse nuevamente se reducen casi a la mitad, profundizando el problema.

El nuevo oleoducto: trazado y alcances

El gobierno de Alberta impulsa una tubería que trasladaría crudo bituminoso hasta una terminal en la costa oeste. Allí aumentaría el tránsito de petroleros de forma significativa para exportar petróleo a Asia y otros mercados internacionales. La ruta pasaría por varios ecosistemas sensibles y duplicaría —según estimaciones de ambientalistas— el ruido submarino en las zonas de alimentación de las orcas.

Riesgos directos para las orcas

Tráfico marítimo y ruido: Las orcas dependen del sonar natural para encontrar salmones. El ruido de motores interfiere con su ecolocalización y altera sus patrones de cacería.
Derrames de crudo: Un solo accidente podría contaminar las aguas con hidrocarburos tóxicos, afectando la piel, el sistema inmunológico y la cadena alimenticia de las orcas.
Competencia por el salmón: La construcción y operación del oleoducto implican dragado, talas y alteraciones en ríos que son rutas de desove del salmón, reduciendo la disponibilidad de alimento.

La Species at Risk Act (SARA) y el “jeopardy test”

SARA es la ley federal que obliga al gobierno a evaluar si un proyecto “pone en peligro” la supervivencia o la recuperación de una especie amenazada. El jeopardy test exige pruebas científicas de que la actividad no causará daño significativo a la población ni a su hábitat crítico.

Propuesta de exención gubernamental

La administración Carney estudia una enmienda que permitiría al gabinete federal eximir proyectos estratégicos del jeopardy test. De aprobarse, el oleoducto podría recibir luz verde aun si las evaluaciones científicas concluyen que perjudicará a las orcas.

La postura de expertos y organizaciones ambientales

Organizaciones como Raincoast Conservation Foundation y Ecojustice alertan que la exención sentaría un precedente peligroso. Científicos marinos señalan que las medidas de mitigación propuestas —reducir la velocidad de los buques o crear “corredores de silencio”— no compensan el incremento global de tráfico ni el riesgo de derrames.

¿Qué podemos hacer desde Toronto?

• Firmar peticiones dirigidas al Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático para mantener intacto el jeopardy test.
• Apoyar campañas de conservación que financian monitoreos independientes de la población de orcas.
• Difundir la problemática en redes sociales y exigir a nuestros representantes federales que prioricen la ciencia sobre la presión económica.

La suerte de estas 75 orcas está ligada a las decisiones que se tomen hoy. Como latinos en Toronto —un crisol de culturas comprometidas con un futuro sostenible— tenemos la oportunidad de alzar la voz por quienes no la tienen. El océano Pacífico nos queda lejos en el mapa, pero su salud es, en última instancia, la salud del planeta que todos compartimos.