Durante la más reciente cumbre del Council of the Federation en Charlottetown, los jefes de gobierno provinciales de Canadá dedicaron buena parte de la agenda a un solo tema: cómo responder a la nueva ofensiva económica del presidente estadounidense Donald Trump. Aunque los comentarios más duros provinieron del premier de Ontario, Doug Ford, el consenso entre las provincias es claro: esta vez la respuesta canadiense podría ser tan contundente como sorprendente.
¿Qué desató el nuevo choque comercial?
Según trascendió, la Casa Blanca se dispone a imponer aranceles adicionales sobre el acero, el aluminio y, por primera vez, ciertos productos agroalimentarios canadienses. Para muchas provincias esto equivale a revivir la guerra arancelaria de 2018, pero en una versión más agresiva que amenaza directamente el empleo en el sector manufacturero —especialmente en Ontario— y en la industria energética de las praderas.
Las armas que Ottawa y las provincias barajan
Los premiers discutieron varias opciones:
- Boicot al alcohol importado de EE. UU. – Una táctica simbólica pero mediática: prohibir temporalmente la venta de whisky, bourbon y cervezas estadounidenses en los monopolios provinciales de licores.
- Retención de energía – Saskatchewan y Alberta exploran restringir el flujo de petróleo y gas hacia refinerías estadounidenses, aprovechando la dependencia de los estados del medio oeste.
- Compras gubernamentales “Made in Canada” – Priorizar proveedores nacionales en infraestructura y salud para reducir la entrada de productos estadounidenses en contratos públicos.
Ontario y Saskatchewan toman la delantera
Doug Ford afirmó que “hay que golpear tan fuerte como recibimos”, y su equipo estudia ya mecanismos legales para aplicar un boicot al whisky de Tennessee en la LCBO. Por su parte, Scott Moe, premier de Saskatchewan, recordó que cada barril de crudo canadiense que cruza la frontera genera hasta 100 000 $ por hora en divisas —una palanca que, de usarse, dolería en Washington y en los estados productores de automóviles.
Impacto potencial en la economía canadiense
Un contraataque no está exento de riesgos. Las exportaciones a EE. UU. representan casi el 75 % de las ventas externas de Canadá. Un error de cálculo podría encarecer combustibles, disparar precios de alimentos procesados y frenar la inversión extranjera. Sin embargo, los economistas señalan que Canadá dispone de cartas de negociación fuertes: acceso a minerales críticos, energía limpia y un mercado financiero estable que sigue siendo atractivo para empresas estadounidenses.
¿Qué significa esto para los latinos en Toronto?
La comunidad latina de la GTA trabaja en sectores tan diversos como la construcción, la hostelería y la manufactura automotriz. Si las plantas de ensamblaje reducen turnos por falta de piezas o si los restaurantes pagan más por la cerveza importada, los primeros afectados podrían ser los trabajadores con contratos temporales o por horas. Por otro lado, un impulso a la producción local abriría oportunidades en pequeñas y medianas empresas que buscan personal bilingüe para expandir su mercado en América Latina.
Mirando hacia adelante
Las próximas semanas serán decisivas. Si Trump materializa los aranceles, los premiers —respaldados o no por Ottawa— tendrán que equilibrar la presión política interna con la necesidad de proteger miles de empleos que dependen del comercio con Estados Unidos. Para los latinos en Toronto, mantenerse informados y diversificar habilidades puede ser la mejor estrategia en un panorama que, como la economía misma, cambia a toda velocidad.