La decisión que acaba de tomar la comunidad innu de Pessamit —una pequeña localidad de la Côte-Nord, a unas seis horas al noreste de Quebec City— puede parecer lejana para quienes vivimos en Toronto, pero sus implicaciones abarcan desde la soberanía energética de la provincia hasta la defensa de los territorios indígenas en todo Canadá. A continuación, desglosamos los detalles y el trasfondo de este “no” rotundo al gigante estatal Hydro-Québec.
¿Quiénes son los Innu de Pessamit?
La Nación Innu de Pessamit —también conocida históricamente como Betsiamites— habita la ribera del río Saint-Laurent desde mucho antes de la colonización europea. Con poco más de 4 000 miembros registrados, su identidad cultural se entrelaza con los bosques boreales, la caza de caribú y la pesca del salmón. Estos vínculos ancestrales convierten cualquier propuesta de explotación de recursos en un tema de supervivencia cultural, no solo económico.
El acuerdo que quedó en el limbo
Hydro-Québec, la emblemática empresa pública que vende electricidad a Ontario, Nueva York y hasta a Nueva Inglaterra, había ofrecido un paquete de aproximadamente $2.5 mil millones a repartir en inversiones directas, compensaciones y oportunidades de empleo. El plan incluía nuevas líneas de transmisión y la expansión de instalaciones hidroeléctricas adyacentes al río Betsiamites.
Para la provincia, el proyecto suponía:
- Más capacidad para exportar energía limpia y cumplir objetivos climáticos.
- Ingresos que financiarían otros programas sociales.
Sin el consentimiento comunitario, sin embargo, la viabilidad legal y social del proyecto se desploma.
¿Por qué la comunidad dijo “no”?
Las razones del rechazo, expresadas durante la votación del domingo (de 8 a.m. a 6 p.m. en el gimnasio de la escuela Nussim), se pueden resumir en tres ejes:
1. Protección del territorio y del agua
El río Betsiamites ya alberga presas que alteraron los ecosistemas locales. Más infraestructura eléctrica implicaría talas adicionales, posibles inundaciones y riesgos para la fauna, especialmente para el caribú forestal, una especie de importancia ceremonial y alimentaria.
2. Derechos ancestrales y autodeterminación
En 2015 la Corte Suprema subrayó que cualquier proyecto en territorios indígenas requiere un consentimiento libre, previo e informado. Para los Innu, aceptar el convenio significaba legitimar décadas de desarrollo sin consultas plenas previas.
3. Beneficios económicos percibidos como insuficientes
Aunque $2.5 mil millones suena a suma astronómica, líderes locales argumentan que los ingresos proyectados de Hydro-Québec —y de compradores internacionales— superan con creces la oferta. Temen otro escenario en que “el negocio grande” sea para la Corona y las empresas, mientras las comunidades reciben solo una fracción.
Repercusiones más allá de Quebec
Este resultado envía una señal poderosa a otras naciones originarias que negocian con industrias extractivas en Canadá. Y, para quienes seguimos la crisis climática, resalta la tensión entre energía limpia y justicia indígena. Un proyecto hidroeléctrico bajo la bandera de la descarbonización puede, al mismo tiempo, vulnerar derechos territoriales si no se gestiona con transparencia y equidad.
¿Qué sigue ahora?
Hydro-Québec deberá:
- Revisar el esquema de compensaciones y, quizá, ofrecer participación accionaria y no solo pagos únicos.
- Profundizar los estudios de impacto ambiental, incorporando la ciencia tradicional innu.
- Negociar un marco de gobernanza conjunta que dé voz real a la comunidad en cada etapa.
Si no se llega a un consenso, la empresa podría desviar inversiones a otras regiones, lo que pondría presión en la estrategia energética de Quebec y en los objetivos federales de reducción de emisiones.
Reflexión final
El caso Pessamit recuerda que el futuro verde de Canadá no solo se mide en megavatios sino en la capacidad de respetar la relación milenaria de los pueblos originarios con la Tierra. Para la audiencia latina en Toronto, donde la diversidad cultural es nuestro día a día, este debate resuena con una verdad básica: la transición energética solo será justa si todas las voces se escuchan con la misma fuerza.