Cuando pensamos en los debates del Ayuntamiento de Toronto, lo normal es imaginar intensas discusiones sobre presupuestos multimillonarios, transporte público o crisis de vivienda. Sin embargo, la atención política de la ciudad se ha centrado en un conflicto mucho más peculiar: una batalla vecinal contra un árbol municipal cuyo olor ha sido comparado con el de un baño público en pleno verano.
El epicentro del conflicto se encuentra en el 117 de Glen Park Ave., en el distrito de North York. El propietario de la vivienda frente a la cual está plantado el árbol solicitó formalmente al ayuntamiento permiso para talarlo. ¿Su argumento? Las semillas que caen del ejemplar no solo vuelven la acera extremadamente resbaladiza y peligrosa, sino que desprenden un olor nauseabundo e insoportable.
El secreto detrás del hedor: un problema de género botánico
Al principio, la respuesta de las autoridades locales fue un rotundo “no”. Toronto cuenta con normativas estrictas para la protección de su masa forestal, y el departamento de silvicultura urbana (Urban Forestry) dictaminó inicialmente que el ejemplar —un árbol del revés o Ginkgo biloba de 33 centímetros de diámetro— se encontraba completamente sano y, por ende, no podía ser retirado.
Sin embargo, el problema radica en la biología específica de este ejemplar: es un árbol hembra.
Los expertos explican que solo los árboles Ginkgo hembra producen una gran cantidad de ácido butírico en la capa carnosa de sus semillas amarillas cuando estas caen y se descomponen en otoño. Para mala suerte de los residentes, este es exactamente el mismo compuesto químico que se encuentra en la mantequilla rancia y en el vómito humano. Los horticultores locales describen el aroma como una combinación “espectacularmente repugnante” entre lácteos descompuestos y los desechos de un parque para perros.
Una tregua política y un posible cambio de leyes
El descontento vecinal llegó a oídos del concejal del distrito Toronto-St. Paul’s, Josh Matlow, quien empatizó con la comunidad y presentó una moción para exigir soluciones creativas ante lo que calificó como una “dificultad excesiva” para los residentes debido al “olor nocivo”. Matlow incluso sugirió que los Ginkgos hembra reciban un trato diferenciado dentro de las estrictas leyes de protección de árboles de la ciudad.
Ante la presión, el departamento de silvicultura urbana ha cedido terreno y recomendó una solución provisional: aprobar de forma excepcional la tala de este árbol específico en Glen Park Ave. para reemplazarlo por una especie completamente diferente y sin aroma.
No obstante, la decisión final está en manos del Consejo Comunitario de North York. Mientras tanto, el ayuntamiento planea analizar a fondo la situación de todos los Ginkgos hembra de la ciudad y presentará un informe con nuevas directrices a principios de 2027. Hasta entonces, la disputa por el árbol más pestilente de Toronto sigue sin desenraizarse.