Mientras en Toronto seguimos las noticias nacionales con un ojo puesto en nuestra propia comunidad, surgió una cifra que levantó cejas: la primera ministra de Alberta, Danielle Smith, aseguró que 700 000 albertanos habrían firmado peticiones para exigir un referéndum sobre permanecer —o no— en Canadá. ¿Realmente existe ese respaldo masivo a la secesión? El equipo de verificación de CBC puso la lupa sobre el dato, y aquí desmenuzamos los hallazgos con contexto extra para que la diáspora latina lo entienda de principio a fin.
¿De dónde sale el número de “700 000”?
La afirmación de Smith se basa en la suma de varias iniciativas impulsadas por grupos separatistas desde 2019, cuando el movimiento popularizado como Wexit cobró fuerza tras la reelección de Justin Trudeau. En aquel momento circuló una petición en línea que obtuvo alrededor de 260 000 firmas. A eso se añaden:
- Peticiones físicas presentadas ante la legislatura albertana en 2020.
- Tarjetas de membresía recolectadas por partidos soberanistas como Wildrose Independence Party.
- Firmas recogidas durante la campaña del referéndum sobre equalization (octubre 2021), aunque esa consulta se enfocaba en la redistribución fiscal, no en la separación.
Cuando se apilan todas esas fuentes, algunos voceros independentistas alcanzan la cifra de 700 000. Sin embargo, los auditores de CBC advirtieron que no existe un registro público que consolide ni verifique esa suma. Varias listas se solapan (una misma persona pudo firmar en línea y luego llenar una tarjeta de membresía), y otras incluyen firmantes que no residen en Alberta.
Lo que dicen los datos oficiales
Para convocar legalmente a un referéndum provincial en Alberta se necesita que la legislatura apruebe una ley específica. El ejemplo más cercano es el referéndum de 2021 sobre el programa federal de equalization, donde votaron 1,1 millones de personas (el 38 % del padrón). De ellas, 642 000 se pronunciaron a favor de retirar la referencia a ese programa de la Constitución, cifra que muchos separatistas usan como “prueba” de malestar. Pero votar contra equalization no es sinónimo de querer la independencia.
En realidad, la única medición directa sobre secesión proviene de encuestas de opinión. Ipsos (2022) encontró que el 27 % de los albertanos apoyaría “seriamente” un Alberta independiente. Traducido a números actuales de población (4,7 millones), eso serían unos 1,2 millones de residentes, pero los sondeos tienen márgenes de error y miden intención, no compromiso firmado.
¿Qué se necesita para separar a una provincia de Canadá?
Tras los referendos en Quebec (1980 y 1995), la Corte Suprema emitió la Opinión sobre la Claridad (1998), de la que surgió la Ley de Claridad (2000). En resumen:
- La pregunta del referéndum debe ser “clara” y aprobada por el Parlamento federal.
- El resultado debe arrojar una “mayoría clara”; Ottawa decide si el margen es lo suficientemente amplio.
- Si se cumple lo anterior, empezarían negociaciones federales, provinciales e indígenas sobre fronteras, ciudadanía, deuda y recursos.
En otras palabras, ni 700 000 firmas ni la sola voluntad de un gobierno provincial bastan para cortar el cordón con Canadá.
¿Representan esas firmas la voz de Alberta?
El padrón electoral de Alberta ronda los 2,8 millones de votantes. Suponer que 700 000 personas distintas firmaron peticiones válidas implicaría el 25 % del electorado —una proporción política nada despreciable—, pero el problema es la verificación. Al revisar varias bases de datos filtradas, analistas de CBC encontraron:
- Registros incompletos (nombres sin apellidos, códigos postales inconsistentes).
- Ausencia de validación frente a la lista oficial de votantes.
- Firmas de fuera de la provincia o incluso ciudadanos extranjeros.
Además, no existe un mecanismo institucional, como el citizen-initiated referendum de algunos estados de EE. UU., que obligue al gobierno a actuar tras alcanzar cierto umbral de firmas.
Reacciones políticas y sociales
Dentro del United Conservative Party (UCP) de la primera ministra Smith, las voces se dividen entre quienes ven la cifra como presión legítima ante Ottawa y quienes temen alienar al resto del país justo cuando Alberta busca inversiones verdes. Los partidos de oposición (NDP y Alberta Party) acusan a Smith de inflar los números para movilizar a su base rural y desviar la atención de la crisis en salud y vivienda.
A nivel nacional, líderes federales descartan un referéndum inminente, pero reconocen que persiste un sentimiento de “Occidente alienado” por las políticas energéticas y ambientales. Para los pueblos originarios de Alberta, cualquier escenario de secesión requeriría consultas específicas según los tratados vigentes.
¿Por qué debería importarle a un latino en Toronto?
Porque la unidad del mercado laboral canadiense permite que profesionales y trabajadores hispanos se trasladen libremente entre provincias. Una hipotética independencia alteraría acceso a empleos, transferencias federales y programas de inmigración. Además, la estabilidad política del país influye en el dólar y en las remesas que muchos enviamos a nuestros países de origen.
Toronto, como centro financiero, sentiría cualquier volatilidad. Ya en 2019, el proyecto de separatismo hizo caer la confianza inversionista en el sector energético, cuyo impacto llegó a Bay Street.
Conclusión
Decir que “700 000 albertanos exigen un referéndum de separación” es, cuando menos, una exageración sin respaldo documental sólido. Las firmas provienen de campañas diversas, se solapan y no han sido auditadas oficialmente. Para que Alberta siquiera convoque a un plebiscito vinculante, necesitaría pasar por el filtro legislativo provincial, la Ley de Claridad y un complejo proceso de negociación federal.
Así que, si escuchas la cifra en una conversación o en redes sociales, ya tienes el contexto para responder con datos y preguntas críticas. Por ahora, la unión canadiense sigue firme, y las 700 000 firmas son más un símbolo político que un mandato democrático.