Las calles de Toronto se están volviendo notablemente más peligrosas. De acuerdo con las estadísticas más recientes publicadas por el cuerpo de policía de la ciudad, el número de colisiones de tráfico mortales ha registrado un preocupante incremento. La tendencia al alza afecta de manera especial a los peatones y a los conductores de motocicletas, lo que ha encendido las alarmas entre las autoridades y los colectivos de seguridad vial.
El fallecimiento de un hombre de 63 años en Etobicoke, tras chocar su coche contra un camión de basura que se encontraba estacionado, elevó la trágica cifra a 23 accidentes mortales. El análisis comparativo de la policía entre el 1 de enero y el 1 de junio dibuja una realidad alarmante:
- Representa un incremento del 28% en comparación con el mismo periodo del año pasado.
- Supone un aumento del 44% si se compara con los datos registrados durante el mismo tramo de dos años atrás.
Distracciones, velocidad y el factor climático
El sargento Murray Campbell, perteneciente a la unidad de servicios de tráfico de la policía de Toronto, ha expresado su profunda preocupación ante este fenómeno. Aunque el exceso de velocidad sigue siendo una de las causas principales detrás de la mayoría de los siniestros, las autoridades apuntan a un cambio de comportamiento en los conductores.
“Una parte importante de estos accidentes mortales ha sido provocada por la conducción distraída o imprudente: personas que no prestan atención a la carretera y realizan maniobras que están completamente prohibidas”, señaló Campbell.
Asimismo, los analistas sugieren que una primavera inusualmente fresca pudo haber tomado por sorpresa a los automovilistas, quienes no anticiparon la presencia temprana de motociclistas en las calzadas. Campbell recordó que la seguridad vial es una responsabilidad compartida por todos los usuarios de la vía —conductores, peatones y ciclistas— y que el coste de un despiste va mucho más allá de una sanción económica, cobrándose vidas humanas de forma irreversible. Además, los registros policiales detallan que estas tragedias ya no se limitan a las grandes avenidas, sino que están ocurriendo en zonas residenciales, propiedades privadas y parkings de toda la ciudad.
La batalla política: El veto a los radares de velocidad
El repunte de la mortalidad en carretera ha reabierto una tensa disputa política entre el ayuntamiento de Toronto y el gobierno provincial de Ontario. La alcaldesa de Toronto, Olivia Chow, defendió el uso de la tecnología como herramienta de prevención esencial, lamentando la falta de competencias locales.
Chow recordó con insistencia que las cámaras de control de velocidad automatizadas eran altamente efectivas para obligar a los conductores a desacelerar. Sin embargo, el gobierno provincial, liderado por el primer ministro Doug Ford, implementó una prohibición total sobre estos dispositivos de control fotográfico, dejando a la ciudad sin una de sus principales herramientas de disuasión. La alcaldesa enfatizó la necesidad que tiene la ciudad de recuperar la gestión de sus 150 radares para proteger de manera efectiva los entornos escolares y los barrios residenciales.
Activistas culpan directamente a la provincia
Desde los colectivos de víctimas y seguridad vial, las reacciones combinan la indignación con la falta de sorpresa. Jess Spieker, portavoz de la organización de defensa ciudadana Friends and Families for Safe Streets, señaló de manera directa al ejecutivo provincial como responsable indirecto de la vulnerabilidad que sufren los peatones en las calles.
Spieker afirmó de manera tajante que la decisión del gobierno de retirar el programa de radares se tradujo, en la práctica, en dar “carta blanca” a los conductores para rebasar los límites de velocidad sin sufrir ningún tipo de consecuencia legal. Los activistas advierten que la medida ha alimentado una cultura automovilística sumamente agresiva en la provincia, una dinámica cuyos platos rotos están pagando los ciudadanos de Toronto con sus propias vidas.