El pulso entre el gobierno de Alberta y los defensores de los caballos salvajes vuelve a acaparar titulares: mientras autoridades sostienen que la cantidad de equinos libres roza niveles “inaceptables”, organizaciones pro-animalistas insisten en que los números están dentro de rangos saludables y naturales.
Un censo que bate récords
En abril, el más reciente censo anual de caballos silvestres arrojó la cifra más alta registrada desde que se tiene conteo a lo largo de las laderas orientales de las Montañas Rocosas. Según la estrategia de manejo equino provincial, el crecimiento poblacional en cuatro zonas —incluida Ghost River, al oeste de Calgary— supera los límites que la provincia considera sostenibles para el ecosistema.
¿Caballos “ferales” o parte del patrimonio?
El gobierno provincial emplea el término “feral horses” para justificar intervenciones como capturas y traslados, argumentando que estos animales compiten con la fauna nativa y dañan la cobertura vegetal. Por su parte, asociaciones de rescate y comunidades locales subrayan que se trata de caballos con linaje histórico, descendientes de los animales utilizados en la expansión ganadera y minera de principios del siglo XX.
La postura oficial
Funcionarios de Medio Ambiente de Alberta señalan que, si la población continúa al alza, se verán obligados a intensificar las medidas de control. Entre las opciones barajadas figuran:
- Programas de captura para adopción o subasta.
- Estrategias de control de natalidad mediante anticonceptivos equinos.
- Colaboraciones con organizaciones sin fines de lucro para reubicar manadas completas.
La respuesta de los defensores
Grupos como Wild Horses of Alberta Society cuestionan los criterios de “capacidad de carga” que usa el gobierno. Alegan que faltan estudios independientes sobre el impacto real de los caballos en la biodiversidad y que la intervención humana —principalmente tala y explotación petrolera— ejerce una presión mayor sobre el hábitat que los propios equinos.
¿Qué sigue?
Para los residentes latinos en Toronto que siguen esta noticia, el caso ilustra una tensión clásica en la gestión de fauna silvestre: ¿cuándo la protección de un paisaje entra en conflicto con la preservación de un animal icónico? Mientras continúan los conteos y se discuten nuevas políticas, la conversación sobre cuántos caballos salvajes son “demasiados” promete mantenerse en el centro del debate ambiental canadiense.