¿Pensabas que la mejor comida de Ontario tenía domicilio fijo en Toronto? Un reciente encuentro gastronómico en St. Catharines demostró que la región de Niagara viene cocinando algo grande. A continuación, te contamos con detalle por qué tantos chefs, periodistas y amantes de la buena mesa están convencidos de que el próximo gran destino culinario está a orillas del lago, no en la gran ciudad.
Un martes que cambió el paladar de todos
El 24 de marzo de 2026, Helliwell Hall, en la calle St. Paul de St. Catharines, reunió a periodistas, influencers, bodegueros, chefs y restauranteros de toda la provincia. El objetivo: poner el reflector sobre la vibrante cultura gastronómica de St. Catharines y los Benchlands de Niagara.
Stands de restaurantes, bares y bodegas ofrecieron bocados y tragos memorables: cócteles servidos en cajas de palomitas cortesía de Pharmacii; crudo de vieira con duraznos de oddBird servido en su propia concha; y vinos intrépidos de Maenad Wine Co.
Un almuerzo de tres tiempos que dejó huella
Después de la feria de degustación, los asistentes se sentaron a un almuerzo maridado con vinos locales. El menú incluyó:
- Shrimp toast frito en sebo con escabeche de almeja y pulpo de The Good Earth Food & Wine Co.
- Tartar de res del chef Zach Smith (Fat Rabbit) —la estrella indiscutible del día.
- Pierna de pato en paleta sobre puré de betabel y cítricos con späetzle de mostaza y hierbas de Andrew McLeod, chef de Bolete.
El tartar que conquistó corazones (y estómagos)
El plato de Zach Smith era una declaración de principios: carne de res de Ontario picada a mano, montada sobre una gruesa rebanada de masa madre de RPM Bakehouse y coronada con panceta ahumada. Un chorrito de limón realzaba la untuosidad y la frescura del conjunto, mientras la panceta recordaba al comensal que estaba comiendo carne en serio.
Smith, formado en la escena torontiana bajo la tutela de Grant van Gameren, se mudó a St. Catharines buscando alquileres más bajos y mejor calidad de vida para su familia. El movimiento rindió frutos: Fat Rabbit fue uno de los primeros restaurantes fuera de Toronto en entrar a la Guía Michelin de la región, junto con Pearl Morissette y Trius Winery & Restaurant.
La comunidad como ingrediente secreto
Según Smith, lo mejor de trabajar en Niagara es la colaboración constante. Panaderos, enólogos y chefs actúan como aliados, no competidores. Más restaurantes de calidad en el mismo vecindario significan que los visitantes alargan su estancia para probarlos todos; todos ganan.
Las bodegas locales, por su parte, se retan mutuamente a experimentar y elevar la reputación vinícola de la zona. Ese espíritu colectivo impregna los menús: productos de granjas cercanas, vinos de viñedos vecinos y talento que comparte técnicas y proveedores.
Toronto vs. Niagara: dos sabores indispensables
Toronto seguirá ofreciendo diversidad inagotable y una avalancha constante de aperturas. Sin embargo, Niagara propone algo distinto: una identidad culinaria coherente, arraigada en lo local y sostenida por una comunidad que rema en la misma dirección.
Para los latinos que viven en Toronto, un viaje de una hora puede significar probar platos con kilómetro cero real —ingredientes que literalmente crecieron a la vuelta de la esquina— y maridarlos con vinos que no han tenido que cruzar provincias para llegar a tu copa.
¿Vale la pena la gasolina?
Rotundamente sí. La escena gastronómica de Niagara no pretende reemplazar a la de Toronto, sino complementarla. Cada región aporta lo suyo, pero en Niagara se está cocinando algo especial que ya merece el viaje. Prepárate para descubrir por qué tantos profesionales del sector aseguran que la mejor mordida de 2026, hasta ahora, se sirve en St. Catharines.