Las redes sociales cambiaron la manera en que descubrimos dónde comer. Durante la última década, los “foodies” con miles de seguidores —los llamados influencers— se convirtieron en pieza clave para llenar mesas. Sin embargo, cada vez más voces dentro de la escena gastronómica de Toronto cuestionan si este modelo sigue siendo tan útil como antes o, peor aún, si resulta dañino. A continuación profundizamos en este debate.
El ascenso vertiginoso de los influencers gastronómicos
A diferencia de la publicidad tradicional o de las reseñas en medios impresos, un video corto en TikTok puede alcanzar a cientos de miles de posibles clientes en cuestión de horas. El trato habitual es simple: el creador recibe la comida gratis y el restaurante obtiene exposición “a cambio”. La fórmula parece perfecta, pero esa sencillez es justamente lo que está generando tensiones.
Voces críticas dentro de la industria
Chef Massimo Capra: “Extraño a los verdaderos críticos”
En enero de 2026, el célebre chef televisivo Massimo Capra publicó un video donde lamenta que la crítica gastronómica seria se haya visto desplazada por creadores sin formación culinaria. Su argumento es claro: cuando se otorga poder de recomendación a personas sin el conocimiento técnico necesario, se pierden los matices que convierten a la cocina en arte.
Jen Agg: preferencia por la constancia sobre la viralidad
La reconocida restauradora declaró públicamente que sus locales no colaboran con influencers. Prefiere invertir en calidad y generar clientela fiel mediante el boca a boca. Para Agg, ofrecer comidas gratis a cambio de un reel de 30 segundos resulta un canje desequilibrado: al influencer le queda contenido eterno y seguidores nuevos, mientras que el restaurante solo recibe una ola fugaz de curiosos.
Eric Valente y Tam Phan (The Rosebud): la cuerda floja
Cuando esta pareja tomó las riendas de The Rosebud en 2025, al principio sintieron presión por invitar a creadores para darse a conocer. Con el tiempo —y una clientela establecida— concluyeron que no necesitan depender de esa estrategia. Valente reconoce que un video puede “hacer o deshacer” un negocio, pero le preocupa la falta de contexto que cabe en un clip de segundos.
La otra cara de la moneda: el punto de vista de los creadores
Jordan Shore, influencer que surgió tras años de trabajo en restaurantes y medios gastronómicos, defiende la colaboración bien pensada. Según él, el problema no es el formato, sino la falta de criterio al escoger con quién asociarse. Hay creadores que buscan únicamente comer gratis; otros investigan, pagan cuando es necesario y cuentan historias reales de los chefs. Para Shore, los restaurantes deben filtrar, del mismo modo que elegirían un fotógrafo o un proveedor de vino.
¿Realmente funciona “comida por exposición”?
Los entendidos coinciden en que medir el retorno de un post es difícil. Un pico de reservas puede no traducirse en ingresos sostenibles si los nuevos clientes solo quieren fotografiar el plato de moda para luego no volver. Además, muchos locales no pueden permitirse regalar cenas en tiempos de márgenes estrechos y costos en alza.
Puntos clave que suelen pasarse por alto:
- El público de un influencer puede no coincidir con el segmento que el restaurante necesita.
- Una crítica superficial puede crear expectativas erróneas y terminar en decepción para ambas partes.
- Los “flashes” virales favorecen lugares nuevos o extravagantes; los establecimientos de trayectoria rara vez obtienen la misma atención.
Hacia dónde se dirige el marketing culinario en Toronto
Mientras no aparezca un medio más barato y de alcance similar, los creadores seguirán teniendo espacio en la ecuación. No obstante, el cansancio digital es palpable: chefs y comensales empiezan a valorar el regreso de la crítica larga y de las recomendaciones de confianza.
Para muchos operadores la vía intermedia parece ser:
- Colaborar solo con perfiles alineados a la identidad del restaurante.
- Establecer objetivos medibles (reservas con código, encuestas a los clientes, etc.).
- Combinar redes sociales con estrategias tradicionales: degustaciones para prensa especializada, programas de fidelidad y, sobre todo, constancia en la ejecución del menú.
La relación entre restaurantes e influencers no desaparecerá de la noche a la mañana, pero está entrando en una etapa de madurez crítica. En un mercado saturado, quienes logren equilibrar visibilidad digital y reputación offline serán los que permanezcan. Tal vez, para volver a elegir dónde cenar, tengamos que mirar menos la pantalla y escuchar más las recomendaciones de nuestro círculo cercano.