Este domingo 8 de marzo los relojes de Ontario “salto” una hora hacia adelante a las 2 a.m., una rutina que repite cada primavera y otoño y que vuelve a poner sobre la mesa la eterna pregunta: ¿tiene sentido seguir cambiando la hora? A propósito de la decisión de la vecina Columbia Británica de adoptar el horario de verano permanente y de la condición del gobierno de Doug Ford de esperar a que Nueva York haga lo mismo, salimos a las calles de Toronto para conocer qué piensan los residentes—incluida la creciente comunidad latina—sobre abandonar o no esta práctica centenaria.
¿Por qué existe el horario de verano?
Un vistazo histórico
La idea de adelantar los relojes comenzó a popularizarse durante la I Guerra Mundial con el argumento de ahorrar carbón y, posteriormente, electricidad. Canadá lo adoptó formalmente en 1918, aunque cada provincia fue ajustando fechas y reglas.
¿Ahorro energético real?
Estudios recientes señalan que el supuesto ahorro es mínimo o, en algunos casos, inexistente: las luces LED consumen poco y los aparatos de aire acondicionado compensan cualquier reducción en iluminación. Sin embargo, el horario de verano se mantiene por costumbre, sincronización con Estados Unidos y la preferencia de algunos sectores económicos (turismo, comercio al por menor) que valoran las tardes más largas.
La situación en Ontario y sus vecinos
En 2020 el Parlamento de Ontario aprobó el Proyecto de Ley 214 para permanecer en horario de verano todo el año, pero con una cláusula: solo entrará en vigor cuando Quebec y el estado de Nueva York hagan lo mismo. Columbia Británica ya anunció su cambio, y gran parte del noroeste de EE. UU. lo está estudiando, pero Nueva York sigue indeciso. El primer ministro Doug Ford insiste en no desincronizar la economía de Ontario del poderoso corredor Nueva York–Toronto.
Voces latinas en las calles de Toronto
En un sondeo rápido realizado por blogTO en Yonge–Dundas Square, los entrevistados latinos—venezolanos, mexicanos y colombianos, entre otros—mostraron opiniones divididas:
• “Quiero luz después del trabajo”: varios jóvenes de la comunidad latina que trabajan en retail y hostelería valoran las tardes soleadas para actividades al aire libre y sentir que “el invierno se acorta”.
• “El cuerpo lo sufre”: padres y madres señalan que adelantar o atrasar la hora altera el sueño de sus hijos y afecta el rendimiento escolar.
• “Me conviene para llamar a la familia”: residentes que mantienen negocios o lazos con América Latina preferirían un horario estable para evitar confusiones con diferencias horarias que ya varían según país.
Pros y contras de eliminar el cambio de hora
Ventajas
• Menos trastornos de sueño y, por ende, menor riesgo de accidentes de tráfico y laborales.
• Agenda constante para empresas internacionales y equipos remotos.
• Posible estímulo al consumo vespertino durante el invierno si se escoge el horario de verano permanente.
Desventajas
• Amaneceres muy tardíos en diciembre y enero; en Toronto el sol saldría pasadas las 9 a.m., afectando rutas escolares y seguridad vial.
• Desfase con provincias o estados que mantengan el sistema tradicional, complicando logística y transporte.
• Cambiar la zona horaria sin coordinación binacional podría generar fricción económica con nuestros principales socios.
¿Qué viene ahora?
Por lo pronto, este 8 de marzo adelantamos el reloj una hora y seguiremos pendientes de las decisiones en Albany y Quebec. Si ambos dan el paso, Ontario cuenta con legislación lista para hacer del horario de verano algo permanente y decirle adiós al cambio bianual.
Mientras tanto, ajuste su despertador, prepare café extra para la mañana del lunes y disfrute de las primeras puestas de sol más tarde: la discusión sobre el horario de verano parece lejos de terminar, pero cada nueva primavera la presión para eliminarlo gana adeptos—latinos incluidos.