Toronto vive un momento de efervescencia en torno a la moda sustentable, impulsado en gran parte por mujeres que renunciaron a carreras corporativas para dedicarse a cambiar la forma en que compramos, vestimos y valoramos nuestra ropa. A continuación te presentamos tres historias que demuestran cómo la intención y la comunidad pueden marcar la diferencia.
Abastecer con propósito: My Clementine Vintage
Rochelle Latinsky fundó My Clementine Vintage en el barrio de Little Portugal después de años en el sector editorial y la estrategia digital. Su motivación fue clara: la escasez de opciones inclusivas de segunda mano en la ciudad.
Latinsky explica la diferencia fundamental entre un “thrift store” y una tienda vintage: en la primera, la ropa se vende tal cual llega; en la segunda, todo está lavado, remendado y, a menudo, alterado para ofrecer una experiencia curada.
Tras una década como proyecto secundario, la pérdida de su empleo docente en 2025 la empujó a dedicarse a tiempo completo. Hoy su tienda es un referente de inclusión de tallas y géneros: “Los cuerpos no están mal; muchas veces la ropa está mal hecha”, afirma.
Su día a día incluye limpiar armarios ajenos, viajar para buscar piezas únicas e incluso reciclar prendas propias. “Puede que no sea lo más sostenible en huella de carbono, pero salvo prendas del vertedero”, dice. Su recomendación es clara: no compres solo porque te queda, compra porque lo amarás y lo usarás.
Renovar el clóset: el estilismo de Leah Gust
Con experiencia en cine y televisión, Leah Gust decidió en 2024 trasladar su talento a la vida cotidiana como personal stylist. Su enfoque consiste en revivir lo que ya existe antes de salir a comprar algo nuevo.
“Muchos tienen prendas con etiqueta acumulando polvo. Mi trabajo es entender por qué están ahí y ver si pueden volver a rotación”, comenta. Gust percibe que la aceptación del thrifting ha crecido gracias al debate sobre residuos textiles y sobreproducción: “No necesitamos pocos haciendo la sostenibilidad perfecta, sino muchos haciéndola imperfecta”.
Su consejo inicial: empieza por la etiqueta. Observa la tela, cómo respira y cómo envejece; ese pequeño paso abre la puerta a decisiones de compra más conscientes.
Crear contenido con conciencia: Sara Camposarcone
La estilista y autoproclamada “maximalista sustentable” Sara Camposarcone descubrió el thrifting en la secundaria para diferenciarse de la moda masiva. Con formación en mercadotecnia y visual merchandising, su salto a la creación de contenido fue meteórico tras un video viral de “Get Ready With Me” en 2020.
Para Camposarcone, la moda sustentable es amplia y creativa: incluye comprar vintage, apoyar marcas éticas, upcycling, intercambiar ropa con amistades e incluso redescubrir tu propio armario. Percibe que hoy la gente prioriza marcas alineadas con sus valores éticos: “Queremos comprar de forma coherente con lo que creemos”.
Más allá de la perfección: la intención como motor
Ya sea mediante una tienda vintage cuidadosa, un servicio de estilismo centrado en lo que ya tienes o contenido que inspira a experimentar con ropa preloved, estas mujeres demuestran que la moda sustentable no exige perfección, sino intención y conexión con las prendas que elegimos usar.