En una ciudad donde los espacios queer parecen reducirse y la vida nocturna suele limitarse a bares ruidosos y madrugadas interminables, un encuentro quincenal se ha convertido en refugio imprescindible para la comunidad LGBTQ+ de Toronto: el Queer Pool Club.
Un espacio que nació de la soledad
La creadora de este club de billar, Bárbara Corrêa Pontes (o simplemente “Barb”), llegó a Toronto desde São Paulo en 2018 con el sueño de formarse como chef. Lo que no esperaba era la profunda sensación de aislamiento que acompaña a muchos inmigrantes. Al construir su nueva vida desde cero, entendió cuán decisivos son los espacios intencionales de encuentro para sentirse parte de algo más grande.
“Sentía que Toronto necesitaba lugares sociales sin ser abrumadores. Algo relajado, lúdico y de baja presión, donde no debías beber ni bailar toda la noche para encajar”, recuerda. Detectó, además, la escasez de actividades queer por fuera de bares y discotecas: “Los ‘sporty queers’, quienes disfrutan de planes tranquilos o actividades no tan atléticas, no tenían alternativas”. Así germinó la idea del Queer Pool Club.
¿Por qué el billar?
Lejos de ser nicho, Barb considera que el billar es, por naturaleza, social. “Sueles necesitar pareja o compartir mesa, así que las charlas fluyen de forma orgánica. No hay presión por impresionar”, explica. Todo sucede en un ambiente más silencioso que un bar, ideal para conversar o simplemente observar.
Dinámicas para romper el hielo
Para quienes llegan sin compañía, hay una mesa designada a jugadores solitarios que facilita unirse a la acción. Otro detalle que causa furor es el sistema de pulseras tipo semáforo, introducido durante la pasada “cuffing season”.
• Verde + morado: persona soltera, monógama y abierta a besos.
• Rosa + morado: persona no monógama y abierta a besos.
El uso es opcional, pero ha ganado popularidad al eliminar conversaciones incómodas o suposiciones sobre las intenciones de cada quien.
Accesibilidad y seguridad primero
Barb está presente en cada encuentro para asegurarse de que las personas se sientan respetadas. Además, prioriza la accesibilidad económica: la entrada cuesta 10 dólares e incluye mesas con descuento, DJs y seguridad en el lugar. “Todxs estamos apretados de dinero, pero seguimos necesitando espacios donde celebrar la alegría”, subraya.
La libertad de simplemente estar
El éxito del Queer Pool Club se resume en la posibilidad de elegir. Puedes ir en solitario, jugar una partida, ver cómo otros compiten o, sencillamente, existir en un entorno queer sin presiones. Esa libertad —y la sensación de seguridad— ha convertido al club en punto de referencia para muchxs.
Próximo encuentro
El Queer Pool Club se reúne de forma quincenal. La próxima cita es el 20 de enero a las 18:00 h en Rivoli (334 Queen St. W.). Lleva tu mejor energía, agarra un taco de billar y descubre por qué este espacio ya es una pieza clave de la vida LGBTQ+ en Toronto.