Las universidades canadienses, históricamente dependientes de la llegada de estudiantes extranjeros, atraviesan uno de sus momentos más complicados. Nuevas restricciones migratorias han provocado que miles de jóvenes miren hacia otros destinos académicos, poniendo en riesgo la estabilidad financiera de muchos centros de estudio.
Un descenso marcado en la matrícula internacional
De acuerdo con The Global Enrolment Benchmark Survey —que analizó 461 instituciones en 63 países—, Canadá encabeza la lista de regiones con mayores caídas en inscripciones:
• 82 % de las universidades canadienses reportan menos alumnos de licenciatura.
• 71 % registran menos estudiantes de posgrado.
• En promedio, las matrículas de licenciatura bajaron 36 % y las de posgrado 35 %, los descensos más abruptos del estudio.
Políticas migratorias, el mayor obstáculo
Un abrumador 90 % de las instituciones señala que las políticas gubernamentales restrictivas son la principal causa del desplome. Entre los cambios más citados se encuentran:
• Tope nacional a los permisos de estudio.
• Aumento en los fondos económicos que los alumnos deben demostrar.
• Cambios en la elegibilidad para el permiso de trabajo posgraduación (PGWP).
La sensación de incertidumbre ha dañado la reputación de Canadá como destino confiable, incluso más que el costo de vida o las colegiaturas, factores mencionados apenas por el 15 % de las universidades.
Impacto financiero y ajustes internos
Menos inscripciones significan menos ingresos. Ante esta realidad:
• 60 % de los centros planea recortes presupuestarios.
• 50 % contempla despidos o congelación de plazas para 2026.
• Muchas instituciones buscan diversificar su mercado, con especial interés en África y el Sudeste Asiático, regiones donde la demanda ha crecido.
¿Hacia dónde migran los futuros estudiantes?
Mientras Canadá pierde terreno, universidades del Reino Unido, Europa continental y diversas naciones asiáticas reportan incrementos en solicitudes. La tendencia se refleja también en la población general: la reciente caída demográfica canadiense coincide con los límites a los permisos de estudio anunciados para 2026.
El mensaje es claro: si Canadá no ajusta su política migratoria, sus universidades podrían enfrentar un panorama de recortes continuos y pérdida de competitividad global. Para la comunidad latina en Toronto, la situación abre interrogantes sobre el futuro académico de la región y sobre las oportunidades que ofrecen otros destinos educativos en un mercado cada vez más globalizado.