Si creciste en Ontario entre los años 60 y principios de los 90, es casi seguro que el nombre Towers te despierte recuerdos: la emoción de elegir útiles escolares, la fila para comprar papas fritas humeantes o la búsqueda del juguete de moda antes de Navidad. Esta es la historia completa —con triunfos, tropiezos y nostalgia— de la cadena que se convirtió en un hito para incontables familias, incluidas muchas latino-canadienses que hoy viven en Toronto.
Un nacimiento ambicioso en Scarborough
La primera tienda canadiense de Towers abrió sus puertas en noviembre de 1960 en la intersección de Lawrence Ave. E. y Midland Ave. en Scarborough. Se trataba de la división local de Towers Marts International, una firma estadounidense que veía en Canadá un mercado virgen para el formato de “plaza de descuentos” de 100 000 ft² (unos 9 300 m²): mercancía variada, precios bajos y todo bajo un mismo techo.
El modelo de concesionarios: muchas tiendas dentro de una sola
A diferencia de otros grandes almacenes, Towers operaba como un mercado de concesiones: cada departamento —ropa, farmacia, artículos para el hogar— estaba a cargo de un comerciante independiente que pagaba renta y un porcentaje de ventas. Este sistema:
- Permitía una rápida expansión con poca inversión directa.
- Ofrecía gran variedad de productos y estilos.
- Generaba competencia interna que, a menudo, beneficiaba al consumidor.
Muchas sucursales se conectaban con supermercados Food City o IGA, haciendo de Towers un auténtico “todo en uno” donde se podía pasar la tarde completa.
Expansión meteórica y primeras turbulencias
Entre 1960 y 1962 se inauguraron más de diez tiendas en Ontario, incluidas ubicaciones icónicas como Bloor & Dundas. Para atraer clientela, la cadena realizaba promociones insólitas: en la apertura de 1962 vendió mil monedas de plata de 1 dólar por apenas 80 centavos.
Pero el crecimiento acelerado trajo problemas financieros. Las acciones de Towers Marts cayeron de 9 USD a 1 USD en solo dos años, y en marzo de 1963 la empresa entró en receivership (administración judicial).
El rescate canadiense y la llegada de Oshawa Group
Un consorcio formado por los propios concesionarios, Allied Towers Merchants Ltd., compró las 13 tiendas canadienses para evitar su cierre. Entre 1965 y 1967, el mayorista de alimentos Oshawa Wholesale (luego Oshawa Group) adquirió gradualmente la cadena y fusionó sus propios locales Rite-Way bajo la marca Towers.
Los años dorados: de los 70 a mediados de los 80
Con una gestión más disciplinada, Towers regresó a la rentabilidad en los años 70. Las sucursales se multiplicaron por el GTA y el suroeste de Ontario: Dufferin & Dupont, Jane & Finch, High Park, Kipling & The Queensway, Waterloo, Kitchener y más. Para muchos adolescentes de la época, aparecer con bolsas de Towers era sinónimo de moda barata y confiable.
La cultura popular no tardó en reflejarlo. En la serie canadiense Degrassi Junior High, los personajes frecuentan la tienda para comprar música, ropa y juguetes, inmortalizando a Towers en la memoria colectiva.
Un punto de encuentro para las familias latinas
Durante la oleada migratoria latina de los años 70 y 80, los recién llegados buscaban precios accesibles y un ambiente familiar. Towers ofrecía:
- Ropa económica para niños en pleno crecimiento.
- Electrodomésticos compatibles con los presupuestos ajustados de los inmigrantes.
- Una cafetería donde era habitual compartir fries y corn dogs mientras se practicaba el inglés.
Este rol social convirtió a la cadena en un puente cultural entre la nueva comunidad latina y la vida canadiense.
La tormenta perfecta: competencia y cambio de hábitos
Al llegar los 90, el paisaje minorista había cambiado. Walmart se preparaba para desembarcar en Canadá, Kmart y Zellers peleaban agresivamente por el mercado, y los centros comerciales ganaban terreno frente a las plazas abiertas de Towers. Además, el modelo de concesionarios —ya reemplazado en la mayoría de las tiendas— perdía relevancia ante la tendencia de control completo de inventarios y márgenes.
El final bajo la bandera de Zellers
En 1990 comenzó una puja feroz entre Hudson’s Bay Company (HBC) y Woolworths para comprar Towers. HBC resultó vencedora y, en abril de 1991, más de 40 sucursales se transformaron en Zellers; las restantes liquidaron inventario y bajaron la cortina para siempre.
Legado y nostalgia
Aunque hoy solo queden recuerdos, la huella de Towers persiste en relatos familiares, grupos de Facebook y fotos granuladas de inauguraciones. Pregunta a cualquier treintañero o sesentón que haya vivido su infancia en Ontario: seguramente evocará el olor de las papas fritas, las monedas de plata baratas o el laberinto de pasillos repletos de ofertas inolvidables.
Towers fue más que un simple almacén de descuentos: fue un espacio de encuentro, adaptación y sueños accesibles para generaciones enteras, incluidos miles de latinos que encontraron allí —entre gangas y comida rápida— un pedacito de hogar en su nuevo país.