Las redes sociales de Toronto se han llenado de publicaciones sobre una fusión inesperada: la crozza, una pizza con base de croissant. Entre la curiosidad y el escepticismo, fuimos a probarla para averiguar si esta sensación gastronómica merece tu tiempo —y tu dinero— o si es solo otra moda para Instagram.
¿De dónde sale la crozza?
La tendencia llegó a Toronto desde Dubái y encontró su hogar en Little Pebbles Café, una panadería japonesa con sucursales en Kensington Market y Little Italy, famosa por croissants fuera de lo común: desde uno hueco para beber chocolate caliente hasta otro que pesa un kilo completo. Su paso lógico era combinar el laminado clásico con salsa de tomate y queso… y así nació la crozza.
La oferta en el mostrador
Little Pebbles sirve varias versiones:
Clásicas: Margherita, Pepperoni, Hawaiian y Garden Delight.
Creativas: Lox (salmón ahumado) y Pork Belly con gochujang.
Para la prueba elegimos dos clásicos —Pepperoni y Garden Delight— intentando equilibrar antojo y “salud”.
Primera mordida: textura y queso
El gran atractivo es la cantidad obscena de queso que garantiza un “cheese pull” de anuncio cada vez que levantas una porción aún humeante. La corteza revela de inmediato su origen: láminas de mantequilla que se desgranan al menor contacto. Ideal en un croissant, algo menos práctico cuando quieres sostener una rebanada de pizza.
Pero… ¿qué tal sabe?
A nivel sabor, la crozza cumple pero no deslumbra. Es una pizza correcta con ingredientes frescos; sin embargo, el croissant no aporta tanto como se esperaría. El perfume delicado de la mantequilla queda opacado por la salsa de tomate, el orégano y la capa densa de mozzarella.
Puntos extra: el Pepperoni utiliza los discos que se encojen y se tuestan en los bordes —un detalle que conquista a cualquier fan de la pizza estilo “cup & char”.
Pros y contras
Pros
• Presentación fotogénica, perfecta para redes.
• Corteza hojaldrada y ligera.
• Generosidad de queso y toppings.
Contras
• El hojaldre se desmorona y puede ser engorroso comerlo.
• El sabor del croissant se pierde bajo la salsa y el queso.
• Precio superior al de una porción tradicional y saciedad similar.
Veredicto final
Las creaciones virales rara vez buscan ser la mejor versión de un plato; su objetivo es parecer espectaculares. La crozza no es mala —de hecho, es una pizza decente—, pero no revoluciona el paladar. Si te intriga y disfrutas formar parte de la conversación foodie de la ciudad, pruébala. Si lo tuyo es el sabor por encima del “like”, puede que prefieras un buen croissant recién horneado o una rebanada clásica en tu pizzería de confianza.
En resumen: la crozza es divertida y fotogénica, pero no imprescindible. Tú decides si vale la cola, el precio y la lluvia de migas.