Cuando llegas al Canadian National Exhibition (CNE) cada agosto, nada anuncia mejor la fiesta que cruzar el inmenso arco de los Princes’ Gates. Sin embargo, pocos saben que este portal de concreto y granito no solo marca la entrada al recinto ferial: también resume cerca de cien años de ambición urbana, simbolismo nacional y continuas restauraciones que hablan de la evolución de Toronto.
Un CNE en expansión y la búsqueda de una entrada digna
El CNE nació en 1879 junto a la calle Dufferin. A medida que las exposiciones agrícolas e industriales crecían, los terrenos se extendieron hacia el este, llegando en la década de 1920 al cruce con la avenida Strachan. Fue entonces cuando la asociación del CNE contrató al despacho local Chapman and Oxley para idear un plan maestro a 50 años. El punto clave: un portal monumental que conectara la feria con la ciudad e inspirara orgullo cívico.
Construcción exprés para un jubileo nacional
La obra arrancó el 14 de abril de 1927 y concluyó el 30 de agosto de ese mismo año. Costó unos 152 240 dólares de la época (aprox. 2,78 millones de dólares actuales) y fue concebida para celebrar el 60.º aniversario de la Confederación de Canadá, por lo que originalmente se llamó Diamond Jubilee of Confederation Gates.
De “Jubilee Gates” a “Princes’ Gates”
Pocas semanas antes de la inauguración, se confirmó la visita de Edward, Príncipe de Gales (quien más tarde sería el Duque de Windsor) y su hermano el Príncipe George. En su honor se rebautizó el arco como Princes’ Gates (en plural y sin “princess”). El 30 de agosto de 1927, Edward cortó la cinta púrpura con tijeras de oro y declaró abierta la nueva entrada al CNE.
Una lección de Beaux-Arts y simbolismo canadiense
Los Princes’ Gates son un ejemplo clásico del estilo Beaux-Arts:
- Un arco de triunfo romano en el centro, flanqueado por dos alas laterales.
- Nueve columnas jónicas a cada lado, una por cada provincia que integraba la Confederación en 1927.
- Dos pilones curvos en los extremos, rematados con fuentes ornamentales.
La escultura central, la “Winged Victory”, extiende un brazo hacia el futuro mientras su mano libre sostiene una hoja de arce, alegoría de la independencia canadiense. A los lados del arco se repiten figuras dobles: unas alzan cornucopias (abundancia) y otras beehives o colmenas (trabajo y prosperidad). También aparecen un haz de trigo —homenaje al campo— y un engranaje con planos —símbolo de la industria—. Todas las piezas fueron modeladas por el escultor Charles D. McKechnie.
El paso del tiempo y las restauraciones
La intemperie no perdonó: en 1987, la original Winged Victory fue sustituida por una réplica de resina; en 1994 se recalaron cuatro figuras con hormigón colado. Para el 80.º aniversario (2007), un proyecto conjunto con la ciudad de Milán renovó la Piazza Princes’ Gates, añadiendo ciclovías, aceras amplias y nuevo paisajismo. Otro programa de 27,3 millones de dólares en 2010 reforzó estructuras y restauró edificios aledaños dentro del recinto ferial.
Un futuro iluminado
Casi un siglo después de su construcción, los Princes’ Gates siguen recibiendo mejoras. Entre 2025 y 2026, el monumento formará parte de un plan de iluminación arquitectónica que dejará el arco listo para el Mundial de la FIFA que tendrá partidos en Toronto.
Por qué mirar el arco con otros ojos
La próxima vez que pases bajo los Princes’ Gates, fíjate en esas columnas que representan a las provincias, en la hoja de arce que alza la Winged Victory y en las colmenas que celebran la laboriosidad. Más que un umbral, este arco es un compendio de historia canadiense, orgullo torontoniano y resiliencia arquitectónica. Conocer su trasfondo convierte cada visita al CNE en un viaje por el tiempo.